domingo, 4 de enero de 2026

Raúl Chacón Carrasco: "Un elefante llamado crítica"

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Este escrito fue presentado por Raúl Chacón  en el Segundo Encuentro de Critica de Arte en Venezuela... Iartes, en la sede de la Biblioteca del Museo de Bellas Artes de Caracas, MBA, en septiembre de 2025. Durante el evento critico, interdisciplinario referido a la critica en las: artes plásticas o artes visuales, arquitectura, danza, teatro, música y cine; con la participación de importantes representantes en las áreas o expresiones mencionadas. 


                                                             

En los tiempos actuales —y aún más en los por venir— la crítica de arte debe entenderse como una práctica de producción de conocimiento y como un sistema de conectores con la dinámica contextual. No puede ejercerse desde el aislamiento ni desde una supuesta neutralidad aséptica, sino en diálogo permanente con las relaciones sociales, históricas, económicas y simbólicas que atraviesan la creación artística.

Por el año 1991, Mariana Figarella planteaba lo siguiente: "Creo que una crítica que, partiendo de la obra, alcance un discurso cultural que vaya más allá del análisis de la obra misma y su autor. Es decir, es fundamental la comprensión y el análisis del contexto en el cual es producida. (...) Hacer crítica, en el sentido más amplio, es una manera de aprehender y comprender el mundo."

Hay una famosa fábula en la India, que hace referencia al encuentro de un grupo de sabios ciegos con un Elefante que nunca habían encontrado antes. No conocían a un elefante. Cada uno de los ciegos se colocó en una parte diferente para poder conocerlo y formarse una idea de cómo era.

Al final, la fábula, que de seguro muchos de ustedes conocen, deja la importante lección sobre la relatividad de la verdad y la perspectiva limitada.

La acción crítica tiene que verse como práctica creadora y catalizadora de la misma, estimulante al hecho en sí de la creación. Desde la postura de la crítica no debemos sucumbir al aderezo de palabras para la conciliación y el enmarcarse en lo que se puede creer como lo políticamente aceptado. El partir del hecho sólido de la construcción y aporte al trabajo artístico, excluye y desplaza el reto de una crítica sugestiva y provocadora. Lo que puede asumirse como una crítica negativa, se transformaría en una acción con carácter edificante y creativo; lo que puede asumirse como una crítica acomodada y ajustada a intereses, transmutaría, desde la condición ontológica, en la transformación de lo mediocre a lo absoluto, de aquello que necesita un acercamiento metodológico para la complementariedad y la contribución al debate sensato sobre las artes y su ecosistema.

De lograrse una dinámica, en donde la crítica se retroalimentara de buenas intenciones, pierden aquellas posturas que, en la medida de la sustentación de la operación crítica, intentaron rellenar líneas de contenidos amarillistas, ofensivos y hostiles. Las intenciones incluso serán claras en su accionar, muchos de ellos con fines lucrativos y tratando de sumar un cúmulo de simpatizantes efímeros que, en breve y por la falta de sostenimiento, desaparecerán en el deseo vacío: entiéndase como el olvido.

Haciendo una pausa con forma básica y descriptiva y descansando en la inmensa barriga del elefante, la crítica de arte: interpreta, contextualiza y evalúa; funge de mediación entre el espectador y el artista, esto solo si es necesario y justificado.

Saliéndonos un poco de la fórmula conceptual, tropezamos con esa mediación ajustada a la necesidad y presencia del crítico, donde muchos se preguntan: ¿es necesaria la figura? Si pasamos revista por el condicionado interpretativo que debe cumplir el crítico, podríamos afirmar y validar su presencia, siendo entonces la hermenéutica el punto de ampliación que arrope dicha legitimidad y asumiendo metodológicamente el criterio. Aquí no se centrará en lenguajes objetivos, ya que una de las características de la hermenéutica es su distancia a la objetividad; sin embargo, tampoco hay un acercamiento absolutamente subjetivo, ya que los límites colocados por el hecho relacionado, en este caso la obra, busca su objetividad contextual.

Y nos conseguimos con los colmillos del elefante:

La Dialéctica: Imparcialidad Metodológica vs. Parcialidad Apasionada.

Es perentorio colocar en sobremesa que todo elemento crítico, bajo su multiplicidad práctica y en cualquier circunstancia, debe esforzarse en ejercer la imparcialidad. El tema objetivo en la crítica siempre estará distante en sus relaciones internas, ya que las valoraciones subjetivas prevalecen en toda postura, pero aquí el trabajo radicará en exigir y exigirse sobre la fundamentación: la necesidad de apologetizar todo producto polemizante.

Por consiguiente, el pensamiento crítico debe ir de la mano de la acción crítica. Esta evolución consciente y construida desde la inquietud intelectual debe saber formular todo criterio que ajuste, en su armaje discursivo y metodológico, una postura con carácter y sobriedad proverbial.

En contraposición, Charles Baudelaire defendía que la crítica debía ser parcial, apasionada y política, surgida de una emoción genuina y de una postura personal firme. Para él, la crítica no era un ejercicio de objetividad, sino una extensión de la sensibilidad poética. Resulta ilustrativo recordar cómo en 1859 arremetió contra la fotografía, a la que consideraba una industria sin imaginación, destinada solo al registro científico. Paradójicamente, muchos artistas del impresionismo y del postimpresionismo estuvieron profundamente vinculados a la fotografía. Este ejemplo demuestra también los límites históricos de toda postura crítica.

Haciendo un brevísimo resumen, desde un ángulo muy personal, puedo decir que la imparcialidad debe verse como el proceso, y no como la meta; la imparcialidad como contexto metodológico que determina la crítica en su complejidad. Creo que debe entenderse que la imparcialidad en la crítica no es un estado puro que se alcanza, sino un proceso metodológico y ético que se sigue.

Otra de las cosas que me gustaría agregar, y ya no en referencia a los colmillos, sino a las patas del elefante: es que, llegado a este punto y sonando bajo la contrariedad y el absurdo, mi posición arrojaría lo siguiente: la crítica debe perseguir y objetivizar el disenso; la divergencia como estímulo de las contradicciones en un espacio para el desarrollo del debate constructivo. Soy partidario de aquello que puede decirse: que la contradicción nos encuentra; y si hay encuentro hay consenso y tolerancia.

Objetivizar el disenso define el objetivo último de una crítica robusta: no buscar una coincidencia falsa, sino elevar el desacuerdo a un plano del debate justo y provechoso.

La crítica y ensayista cubana Grazziela Pogolotti simplificaría de la siguiente manera: “los polemistas se mueven en territorios divergentes, aunque no necesariamente situados en campos antagónicos”.

Cerrada la pata del disenso, mejor dicho, del elefante. Llegado a este apartado de la intervención me gustaría resaltar un tema que considero, es uno de los tópicos más delicados en nuestros tiempos: el fenómeno de las redes y las nuevas formas de comunicación.

Desde la visión o cultura posmediatizada, todo factor dinámico, interactuante y determinante, solo tiene validez en la justa medida de la diversificación informativa de las redes sociales. La hegemonización naturalizada de cualquier producto revierte sobre lógicas formales, informales, justificadas y de posible validez histórica. La posverdad, en su magnífica e insólita manera de ejecutar y definir realidades, formula y da tendencia en todo, o casi todos, los criterios que se deben asumir con respecto a temas de influjo sociocultural, sociohistóricos, sociopolíticos y sus devenires de carácter económico. Por ende, las valoraciones pasan por una colectivización construida con marcadas intenciones de control de gusto, venta y consumo. En este caso tendríamos la osadía en sancionar que el arte en la actualidad se valora cada vez más por su impacto en redes sociales, supeditando toda calidad, rigor y pertinencia, provocando una desbordada marginalización de aquellas obras que complejizan el valor estético en cuanto a contenido y adecuación de mercado, o interés del mercado; direccionando entonces, una crítica bajo el tutelaje de seguidores, un "me gusta", sumado a múltiples y variables legitimaciones anónimas. En la actualidad ya es un hecho, que las diferentes plataformas de interconexión han formulado en el consumidor de redes, una forma inmediata de recibir la información. Por ende, todo lo consumible adquiere un patrón rítmico que, con la velocidad que puede llegar, puede no retenerse, siendo esto una marca iniciática para la indiferencia y la banalización de todo intento de comunicación. La crítica ante este escenario, se vería vulnerable y bajo una amenaza creciente en contra de la reflexión pausada, objetivo principal de toda formulación y discurso crítico.

¿Qué tendríamos como contraparte? ¿Cómo podríamos robarle espacio a la creciente inevitable de valores incómodos?

Debemos entender que el ecosistema artístico en la actualidad es mucho más complejo que en otras épocas o momentos; la dinamización de factores sociales en relación a los elementos de reproducción y comunicación, masificación de contenidos de forma indiscriminada, con informaciones múltiples de valores.

Cómo también entender, que cada paso o decisión tomada en redes, son decisiones que definen una política o muchas políticas: Las redes como campos de batallas.

La amplificación por medio de mecanismos de difusión en todas las esferas relacionadas, es necesaria para la materialización y desarrollo de la crítica de nuestros tiempos. El uso de canales para la emisión del contenido. Desmenuzar en todas sus variantes el contenido y utilizar las mismas herramientas, levantar la pirámide que entienda el fenómeno, de respuesta y no se repita ante el error, ante lo que nos consume.

Siguiendo con otra parte del elefante, me gustaría agregar en la discusión un término y/o acción utilizado en disciplinas como la lingüística, la filosofía y la informática; hago referencia puntualmente, al lomo del elefante y el "Metalenguaje".

El metalenguaje puede entenderse, en su sentido más simple, como aquel lenguaje que busca describir y analizar otro lenguaje.

En algunas escuelas filosóficas se ponía en práctica para blindar o encriptar un tipo de información que solo tenía pertinencia a un gremio o grupo de participantes identificados entre sí.

El arte, para muchos, está repleto de eso que llamamos: metalenguajes. Muchas columnas de crítica, líneas conceptuales y textos curatoriales, están ausentes de contenidos claros que establezcan una conexión sensata con el público o interesado en el área. Muchos jóvenes y curiosos por el arte se ven bloqueados y desplazados por el cúmulo de argumentos abstrusos que no cumplen con los objetivos de estimular el interés en ellos o simplemente de materializar el fin pedagógico que todos bajo ese perfil deben perseguir. Retomando a Baudelaire y sin hacerle oda al mismo, para él, la importancia radicaba en el uso de un lenguaje poético, lleno de sensibilidad, transformando la descripción de una obra en un elemento mágico, cautivador y sensorial para el lector.

Al final, es un recordatorio vital de que la claridad y la capacidad de conexión emocional e intelectual con el público no son opuestas al rigor.

Otro punto a considerar y llevado de la trompa del elefante, es la creación fundamental de un tipo de crítica que se vea obligado, ante cualquier manifestación, a contextualizar dentro de corrientes sociales, históricas y filosóficas, bajo la sencilla razón de alejarse de posiciones reduccionistas, sugestionadas y perfiles interpretativos con base a gustos personales.

En este aspecto resaltaré la cartografía crítica de la maestra y compañera Yolanda Wood, que revisitando las diatribas histórico-sociales partiendo de los determinantes territoriales, su definición metodológica y sus ascendentes contexto-culturales, dimensiona el cuestionamiento de aquellos elementos del poder, la identidad y sus procesos históricos. En otras palabras, deconstruye la clásica visión cartográfica de dominación, aquella de divisiones, linderos y fronteras, transformándola en una herramienta crítica y de construcción de experiencias múltiples.

Mi consideración, en este sentido, estaría en enfatizar en una metodología que considere perentoriamente y en primer orden los análisis e insumos que arroje los diferentes contextos. Las complejidades acompañantes de cualquier proceso de creación, es la sustancia que da la forma y presta para cualquier contenido; toda obra guarda un relato de su espacio y tiempo; toda obra es un producto social que, para ser comprendido, necesita ser deconstruida en sus extensos y múltiples elementos compositivos. Quizá querer comprender a la primera y tener un juicio adelantado de una obra, puede ser el primer error de un crítico de arte.

En el desarrollo escrito de esta intervención resulta inevitable recordar el ensayo del semiólogo francés Roland Barthes, llamado La muerte del autor, donde se expone claramente esa relación estrecha y distante entre el creador, la obra y el espectador. La obra, una vez creada, adquiere una vida propia que desborda la intención inicial de su creador. El espectador, en su lectura, completa y reescribe el sentido. Esta independencia del significado reafirma la naturaleza abierta y polisémica del arte, la cual, por su flexibilidad y movimiento constante, se expresa en las rodillas del elefante.

En la actualidad, el impacto que puede generar una creación artística o una fotografía en el estímulo del pensamiento crítico es un claro indicador de como estas prácticas pueden sacudirse ante las estructuras de control y determinantes de mercado, para transformarse en influjo social con trascendencia en el discurso ideológico y cultural.

Otro aspecto importante es el objetivo, o lo que debe ser el objetivo principal de la crítica en la actualidad, considerando todos los elementos referidos al enfoque y la supeditación ante el mercado, el sistema y sus dictámenes: el ejercicio crítico debe referir y apuntar a toda esa crisis del sector de las artes y el mal estado en que se encuentra. Ya no se hablaría de complementar líneas escritas sobre el trabajo de un artista, sino ampliarla a sus estructuras regentes: al manejo del estado con respecto a la sustentabilidad en el tiempo de las diferentes manifestaciones de creación, el manejo de las políticas culturales y los espacios en su distribución y acción.

En este recorrido teórico, Michel Foucault reafirmaría el llamado al cuestionamiento absoluto, a definir la crítica en cada una de las partículas que en sus formas de autoridad aportan a estas deformaciones y no quedarnos en el absurdo detalle, en este caso, del artista como elemento único y cuestionable, sino cuestionar lo que pretende no serlo, lo que se soslaya en las diferentes relaciones de poder.

Nota: La actualidad del arte en Venezuela, para un sector de la población, se simplifica en asumir que los espacios deben guardarse en geometrías armadas, estructuras en formas de cajas que buscan llenar de contenidos "chic", intentando reconceptualizar las prácticas del cómo consumir el arte. Muchos sumados a esos sectores, que se sienten dueños de una verdad sobre el arte, especialistas, eruditos de poses de intelecto, revierten una especie de odio político sin sustrato, pero que ya, con el simple hecho de hablar mal de alguna estructura del estado, los convierte en la novísima vanguardia del arte venezolano. Lo lamentable de todo esto, es que nuestros jóvenes artistas, aquellos que emergen entre redes sociales y tendencias vinculantes, entre gustos redondos y repetidos, son los que hacen el escenario perfecto, para legitimar sobradas ilusiones encajonadas. Al comenzar esta parte, con una especie de redacción crítica, busco esencialmente colocar en sobre mesa, la importancia que cumplen los espacios expositivos (en todos sus niveles) en el desarrollo del arte nacional. Y aquí, podemos también incluir, sin ningún problema, a nuestros museos nacionales. Hago este paréntesis, ya que veo con suma preocupación que los espacios para las, abro comillas, artes, cierro comillas, solo dimensionan una necesidad de cubrir lo que algunos egos y algunos intereses se vierten y combinan entre sí. Se normaliza el riesgo a la superficialidad. Tomando claramente, que la necesidad imperiosa, ante una crisis visible, es la de transformar, o asumir estos lugares en centros de construcción epistémicos, donde la confluencia real manifieste, o haga visible, un desarrollo certero y pertinente de los grupos de creadores que hacen vida en los mismos y que el arte funja verdaderamente de catalizador de procesos resolutivos, liberadores y acordes a los tiempos actuales.

Tomaré un fragmento del libro de Marisol Salanova: La crítica de arte en la actualidad, que considero puede cubrir o describir las orejas del elefante:

"Aunque algunos defiendan la existencia del arte por el arte, o sea, de las obras que simplemente persiguen la belleza, sin limitaciones impuestas por la moralidad o la política, no es posible una cultura neutra. Cada creación artística conlleva un posicionamiento. Cuando se entiende la cultura como algo superficial, como una cosa que va de masificar públicos y contar a bulto, entonces el contenido importa poco. Suponemos que es desde esa visión desde la que se pretende una neutralidad, se cree que es factible alejar la política del arte. La pretensión de neutralidad en los museos puede parecer engañosa. En lugar de aspirar a un espacio sin sesgos, si lo que se busca es un verdadero acceso democrático al arte, entonces es aquel donde todas las perspectivas tengan cabida y se puedan explorar. Al final, esto no solo beneficia a los artistas, sino también al público, que tiene la oportunidad de apreciar una variedad más rica y completa del mundo artístico".

Tratando de hacer una descripción, sin carácter concluyente:

Con esta intervención y retomando el tema puntual de la crítica como alternativa válida y practicable, aquí no se aboga por una objetividad pura e inalcanzable, sino por un rigor metodológico y ético que obligue al crítico a fundamentar sus valoraciones subjetivas. Es el esfuerzo consciente por ser justo con la obra en su contexto, a pesar de la inevitable subjetividad.

Me gustaría cerrar esta breve intervención con la maestra Mariana Figarella, y agradeciendo a todos los presentes por su paciencia y sus enormes ganas de reimpulsar y sostener la crítica en el continente: "Es grave para un país la ausencia de una crítica seria. La producción artística ha rebasado con creces la reflexión que sobre ella se ha realizado. Esta producción necesita ser evaluada y situada en su justo lugar. Es razonable la queja de muchos artistas en el sentido de que no encuentran respuestas a su trabajo. Pero también es verdad que, en algunos casos, estos han asumido una actitud acomodaticia y cómplice al conformarse con que se escriba de una manera favorable de su trabajo, así sea una escritura que devele una actitud superficial."

Y con esto, nos encontramos con la cola fina y larga del elefante.

Muchas gracias por su atención

                                                                                     
 

                                                                              
                                                                        

Síntesis Curricular
Raúl Chacón Carrasco. (Caracas, 1977). Oriundo de Catia. Estudio sociología en la UCV, documentalista, investigador y curador de arte. Ejerció el cargo de Director ejecutivo encargado del Museo Nacional de Arte Popular (MuNAP) y actualmente es Jefe especialista de investigación de la Galería de Arte Nacional (FMN - GAN). Entre sus trabajos de investigación se encuentra: “Cartografía para un rostro, Santiago Manasés Rodríguez”. “La historia en tres años, la fundación de la GAN (1976-77-78)” y “Recortando el dolor, David Cedeño”. Premio Nacional Armando Reverón (AVAP, 2024) y la participación como curador en la XV Bienal de La Habana (2024-2025). Crítico de artes, curador e investigador de varias exposiciones de la Fundación de Museos Nacionales (FMN): “Irisada, Mateo Manaure, GAN 2018”. “Universo Construido, José Antonio Dávila, GAN 2019”. “Diecisiete Sílabas para Manuel Espinoza, GAN 2019”. "Colección Nuestramericana, MBA 2024"

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