Ponencia de la profesora doctora Aura Marina Orta ortaa2020@gmail.com: "Repensando la crítica del arte y su rol cultural: desafíos en la formación artística". Segundo Encuentro de Crítica de Arte en Venezuela ¿Validación o Interpretación? (In Memoriam del maestro Juan Calzadilla); evento organizado por Edgar Cruz desde Iartes, en la sede de la Biblioteca del Museo de Bellas Artes de Caracas, MBA. Caracas, septiembre 17 de 2025.
Resumen.
El presente artículo es una
aproximación reflexiva a la caracterización del crítico de arte en la
contemporaneidad y los componentes de aprendizaje fundamentales en la formación
universitaria vinculada a las disciplinas artísticas que pueden configurar el
rol mediador entre el espectador y la obra de arte. Entendiendo la responsabilidad
que implica esta mediación, se enfatiza en los estudios históricos, estéticos y
la práctica artística como los insumos fundamentales que permitirán el
ejercicio constructivo de esta práctica y fortalecer la comprensión y
participación crítica y constructiva en la cultura visual actual.
Palabras claves: crítico de arte, formación universitaria, disciplinas artísticas, cultura visual.
Introducción
El arte -como acción y
hecho simbólico- es portador de significados que pueden ser múltiples,
ambiguos, contradictorios. El espectador, en una relación dialógica con la obra
artística -donde se activan sensaciones, relaciones, recuerdos, ideas- realiza
un ejercicio interpretativo para dar sentido a lo que percibe. Es decir, en
cada espectador una obra suscita experiencias, conocimientos y emociones y esto
promueve en mayor o menor proporción su interés en la misma.
En otros casos la
interpretación que hace el espectador de la obra es mediada por quien ya la ha
decodificado y proporciona elementos para “canalizar” el encuentro con la obra
y centrar la atención en los aspectos que artísticamente se consideran
relevantes. En este sentido, se reconoce
la crítica de arte –sea en la figura del historiador del arte, del curador, del
docente o del propio artista- como el resultado de una experiencia o un
conocimiento previo más detallado de los sentidos, significados y valores de la
obra, puestos al servicio de la experiencia del espectador.
Aun cuando en muchas
oportunidades se ha cuestionado la mediación del crítico, debido especialmente
porque históricamente ha sido vehículo para excluir creaciones no coincidentes
con cánones instalados, o en otros casos porque la crítica de arte se convirtió
en un ejercicio filosófico o literario alejado de la obra misma, es importante
reconocer los aportes de una crítica de arte reflexiva, por no decir una “crítica
crítica” para garantizar que el arte propicie aproximaciones sociales,
conexiones culturales y miradas constructivas respecto al presente y el
pasado.
Este reconocimiento de la
contribución de la crítica de arte, en esta oportunidad, la contextualizamos en
las artes visuales donde parece tener más pertinencia respecto a la crítica
literaria, si consideramos el planteamiento de Nelson Goodman, cuando señala
que “…mientras la mayoría de las personas que utilizan una biblioteca sabe
leer, la mayoría de los que visitan un museo no sabe cómo hay que ver”
(Goodman, N. p. 267).
Si bien reconocemos el rol
social y cultural del crítico de arte, es necesaria la reflexión de esta
práctica y su relación con la educación especializada en arte, a partir de
algunas interrogantes: ¿Cómo la formación profesional en las áreas de artes
visuales facilita competencias para el ejercicio de la crítica de arte?,
¿Cuáles son los aspectos estéticos y éticos que debe privilegiar la crítica de
arte como práctica constructiva y mediadora culturalmente? y ¿De qué modo la
crítica de arte puede focalizar y divulgar las creaciones que propician nuevas
conexiones culturales?
La crítica
de arte como agente decodificador de la cultura visual
Comprender una obra de arte
representa decodificar los signos que la estructuran; esta tarea puede ser
satisfactoria o no en función de la implicación del espectador con la obra o de
la información que posea del contexto de la misma, así como de la “literalidad”
de la obra respecto a su temática o sus elementos constituyentes que pueden
resultar más o menos conocidos o más o menos herméticos.
Es importante tener en
cuenta que decodificar o no la obra que se tiene ante sí no es garantía para
que surja una experiencia estética en
el espectador; es decir, el disfrute o goce frente a una obra puede darse
eventualmente sin la comprensión de los significados o sentidos que ésta
implica. Reconocemos lo complejo que puede ser abordar lo concerniente a la
experiencia estética, ya que no hay muchos acuerdos respecto a su definición
clara (véase el capítulo undécimo de Historia
de seis ideas de Tatarkiewiccz) podemos acordar que se trata de un vínculo
(emotivo en la mayoría de los casos) que
se establece en la esfera de la percepción entre el espectador y una obra
determinada, lo que lo induce a contemplarla; a reparar en ella y fijar el
encuentro como una experiencia significativa.
En síntesis, no podemos
soslayar que es importante la valoración de las manifestaciones artísticas como
autoexpresión creativa, que van de la mano con la posibilidad para el
espectador de conectarse autónomamente de modo sensorial y perceptualmente, sin
recurrir a referentes teóricos que puedan proporcionar guías, curadores,
artistas, docentes; sobre todo reconociendo el libre acceso y el poder seductor
de la imagen contemporánea; esta experiencia sigue representando un potencial y
atractivo clave de las expresiones artísticas. Sin embargo, es innegable que el
gran flujo e intercambio de imágenes gestadas en distintos contextos
socio-geográficos y compartidas globalmente puede hacer indescifrable sus
significaciones, con lo que el crítico de arte deviene en un importante
“mediador cultural”.
Al considerar la
decodificación de la obra como un paso que no siempre garantiza la experiencia
estética se puede interpretar entonces como excedente la atención puesta a su
comprensión; sin embargo, como seres senti-pensantes, la interacción
espectador-obra genera relaciones reflexivas a partir de las posibles
narraciones que contenga y que es posible que no sean obvias. En este sentido,
el crítico puede hacer un acompañamiento clave para propiciar un intercambio
espectador-obra, constructivo, de manera que éste asuma la interpelación, la
provocación o la convocatoria que le hace la obra, para generar nuevas y
múltiples conexiones sensitivas, perceptuales y sociales. Entendemos estas
nuevas conexiones sociales en el sentido como las concibe Bourriaud (2006) al
destacar el poder que tiene el arte para propiciar “intersticios” o espacios
sociales y simbólicos que trascienden el mercantilismo, el consumo y la
banalidad.
La crítica de arte se
justifica en la medida que pueda proporcionar herramientas para la
decodificación de las expresiones artísticas trascendiendo el análisis formal,
material o técnico, especialmente debido a que el rol y la atención del crítico
de arte ahora se expande más allá de las obras de arte que ya han recibido esa
categorización y que se encuentran en los espacios de reconocimiento en el
campo del arte; es evidente, la omnipresencia de la imagen en todos los sitios
y contenidos disponibles en la web, las imágenes y fotografías que se presentan
e intercambian a través de las redes sociales, el cada vez más creciente
consumo de dispositivos tecnológicos con capacidades y posibilidades para la
producción, manipulación e intercambio de imágenes. Esta condición social
actual implica un rango masivo de impacto de las imágenes o producciones
visuales cuya categorización de “arte” puede ser imprecisa, pero que captura la
atención y ejerce grandes influencias sociales.
Si se asume una visión
simplificadora, esta omnipresencia de la imagen como condición contemporánea,
pudiera ser considerada como una dimensión cultural positiva, dada la
participación masiva (casi sin exclusión, excepto las que imponen la diversidad
de capacidades) “o democrática” de la sociedad en el fenómeno visual. Sin
embargo, la poderosa influencia que ejercen las representaciones visuales se
convierte en muchos casos en situaciones problemáticas, si estas
representaciones no son asumidas de modo consciente y crítico.
Ranciere (2013) a partir de
la lectura Debord destaca la importancia de reconocer “las trampas” de la sociedad del espectáculo similares a
las que experimentan los prisioneros atados de la caverna platónica donde
realidad e ilusión se perciben invertidamente. De aquí la importancia de
reconocer la lógica de las representaciones visuales; “Conocer la ley del
espectáculo equivale a conocer la manera en que éste reproduce indefinidamente
la falsificación que es idéntica a su realidad.” (p. 48).
Desde la perspectiva
educativa, Freedman (2006) destaca la importancia que tiene para los y las
jóvenes el desarrollo de habilidades
interpretativas o las posibilidades de dar
significados a las formas. Estas habilidades interpretativas son
presentadas por Freedman en distintos niveles:
Las habilidades interpretativas de bajo nivel
incluyen el discernimiento de un mensaje simple, deseado, de una representación
simbólica, o la personalización de una situación que vemos representada. Las
habilidades de alto nivel incluyen: (1) desenterrar supuestos subyacentes; (2)
formar múltiples asociaciones posibles; y (3) llevar a cabo una reflexión
crítica y consciente. (Freedman, K. 2006 p. 122-123)
Es decir, las
representaciones visuales que llegan más poderosamente y cuya interpretación
corresponden al más bajo nivel son aquellas que presentan un mensaje explícito
y en su mayoría están dirigidas a incitar al consumo. Muchas de las
representaciones visuales son generadoras de estereotipos de vida, centrados
gran parte de ellos en la incitación al consumo desmedido, la exaltación del
cuerpo y las apariencias y, en consecuencia, la negación de valores como la
igualdad, espiritualidad y solidaridad, entre otros. En este sentido, la
mediación formativa, la crítica, al develar los códigos y referencias de las
imágenes, puede cumplir una misión liberadora.
La formación para el
ejercicio de la crítica debe centrarse en el desarrollo de esas habilidades de
alto nivel, para así mediar entre obra y espectador y contribuir con las posibilidades
de acceso y apreciación de representaciones que trasciendan las propias del
consumo o la mercancía.
Prácticas
formativas para el ejercicio constructivo de la crítica del arte
Por todo lo anterior, hemos
atribuido importantes responsabilidades culturales a la práctica de la crítica
de arte; ¿pero de dónde obtienen quiénes se forman en las áreas del arte y la
comunicación visual los insumos para abordar la infinita producción de la
cultura visual? o dicho de otro modo: ¿Cuáles son los contenidos que tributan a
las competencias del especialista en arte para ejercer la crítica artística?
La consideración
disciplinar de la formación artística orienta a reconocer que el arte como
cuerpo de conocimiento debe estructurarse fundamentalmente con base en las
áreas de historia del arte, la estética, así como la práctica de taller (Gardner,
1994)
El área de la historia del
arte proporciona conocimientos para la reflexión acerca de las tradiciones
artísticas y las relaciones con el contexto donde se producen; los procesos de
gestación y consolidación de movimientos, tendencias y prácticas. En este sentido,
el área de historia del arte contribuye a la reproducción de tradiciones
artísticas reafirmando las identidades sociales y las herencias culturales.
El área de la estética o
teoría del arte implica pensar el arte, categorizar, debatir acerca de la naturaleza
del arte y las distintas concepciones (antropológicas, filosóficas,
sociológicas, entre otras) que lo justifican las continuidades y
discontinuidades de las producciones artísticas.
El área de taller artístico
orienta al estudiante en la práctica de actividades artísticas; se trata de su
implicación en los distintos momentos del proceso creativo y resolutivo de una
obra. Esta práctica debe generar una dialéctica entre la reproducción de las
tradiciones artísticas y la emergencia de nuevas respuestas en obras que
interpelen la misma tradición.
Así, la historia del arte,
la estética y la práctica de taller configuran los elementos clave para el
ejercicio de la crítica de arte. La decodificación y la reproducción de
determinadas manifestaciones artísticas sólo es posible a partir del
conocimiento de los componentes culturales que le sirven de contexto. Además, corresponde
al campo de la estética también la reflexión acerca del status de “obra de
arte” de un objeto particular, lo que conlleva también a preguntar quién decidió
este status.
Competencias
para el ejercicio de la crítica de arte
Consideremos ahora algunos aspectos clave que deben
transversalizar las tres áreas de la formación de la disciplina artística como
prácticas recurrentes para fortalecer las competencias críticas de quien se
forma en el campo de las artes visuales:
1. Observación
contextualizada: reconocer que la observación se realiza desde un contexto
particular o perspectiva específica (contexto de visualización), que puede coincidir
(geográfica, temporal o ideológicamente) o no, con el del creador (contexto de
producción). En este aspecto resulta importante reconocer cuáles son los
elementos que identificamos claramente y cuáles resultan ambiguos o confusos.
2. Indagación contextual: explorar el contexto de producción de la obra y las circunstancias particulares del creador. ¿Qué datos biográficos del autor destacan desde el punto de vista social, étnico, geográfico o ideológico? ¿Cómo se reflejan esos datos en la obra? ¿Qué vínculos existen entre esta obra y otras del mismo o de otro contexto?
3. Confrontación
de interpretaciones: reconocer que una misma obra puede suscitar significados
múltiples, incluso opuestos. En este sentido, resulta necesario el intercambio
de interpretaciones en torno a los supuestos estéticos se infieren y las
posturas culturales que se manifiestan.
4. Consensos
sociales: valorar la confluencia de distintas miradas y asociaciones en torno a
una obra, entendiendo la crítica como diálogo y posibilidad de transferencia a
la realidad o actualidad. ¿A qué convoca la obra? ¿En quiénes y por qué puede
hacer resonancia? ¿Cuáles son los valores que inferimos como implícitos en la
obra?
Aun cuando estas prácticas
están vinculadas con los modelos tradicionales de análisis artístico, aquí se
propone hacer énfasis en la construcción social de los significados; es decir,
el desarrollo de cada uno de estos momentos desde la participación y el
intercambio social; la interacción social, la mirada del otro para cuestionar
certezas presupuestas y dar forma y nuevos significados a la realidad.
La consideración de estos
aspectos propuestos como centrales de las áreas del conocimiento artístico y la
comunicación visual puede ser clave no sólo para el disfrute de las creaciones
artísticas, sino para acceder también a los posibles significados de las
creaciones y su relación con las realidades.
A modo de cierre para abrir el debate: criterios
para la crítica
La crítica de arte requiere
considerar los elementos sociales y culturales que puedan aportar elementos
para la comprensión del arte, debido a que un análisis formal centrado sólo en
los aspectos plásticos de una obra contemporánea genera incertidumbre acerca de
sus valores y no proporciona las razones por las que la misma forma parte del
universo artístico.
Es por esto que la decisión
acerca de cuáles creaciones presentar, valorar o divulgar también es una
decisión importante en el desarrollo de la crítica artística; el crítico deberá
revisar los criterios de su selección, ante el amplio espectro de producción
visual existente. En este sentido, a propósito del debate siempre abierto
acerca del camino de la educación en América Latina y el Caribe y tomando como
inspiración la reflexión de Maldonado (2025) y su propuesta de “un nuevo
contrato social para la educación” haré una versión libre de algunos criterios
a tener en cuenta para el ejercicio responsable del crítico de arte y su rol
como mediador; es decir, las decisiones acerca de las expresiones que validará
y divulgará deben atender a aquellas expresiones que:
1. Propicien vínculos entre
comunidades y personas.
2. Generen la reflexión y
crítica de nuestras relaciones con la naturaleza.
3. Evidencien la diversidad
como un bien social.
4. Den respuestas y/o
alternativas a la vida centrada en el consumo.
5. Estimulen el conocimiento
de la historia del arte.
6. Interpelen acerca de las
identidades.
7. Reten nuestra percepción y
sensibilidad.
8. Exalten la vida.
En síntesis; parafraseando a John
Holloway quien dijo que “Si el marxismo no tiene que ver con el latido del
corazón no es nada”; así podemos considerar que: Si el arte no tiene que ver con el latido del
corazón no es nada.
Referencias
Bourriaud, N. (2006). Estética Relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora.
Dinerstein, A. (2018). La teoría de la revolución intersticial de John Holloway.
Constelaciones Revista de Teoría Crítica. N° 10. https://constelaciones-rtc.net/article/download/3139/pdf/11689
Freedman K. (2006). Enseñar la cultura visual. Barcelona: Ediciones Octaedro, S.L.
Gardner, H. (1994) Educación Artística y Desarrollo Humano. Barcelona: Editorial
Paidós. S.A.
Goodman, N. (1984). De la mente y otras materias. Madrid: Visor.
Maffesoli M. (2007). En el crisol de las apariencias. Para una ética de la estética.
Madrid: Siglo XXI Editores, S.A.
Maldonado,
H. (2025). Hacia un nuevo contrato social
en educación. Simbiosis Revista de Educación y Psicología. Vol. 5 Núm. 9, p. 206-211.
https://revistasimbiosis.org/index.php/simbiosis/article/view/180
Rancière, J. (2013). El espectador emancipado. Buenos Aires: Manantial. https://archive.org/details/ranciere-jacques.-el-espectador-emancipado-ocr-2008/page/n3/mode/2up
Tatarkiewicz, W. (2002). Historia de seis ideas. Madrid: Editorial Tecnos.
SÍNTESIS CURRICULAR
Personal docente ordinario jubilada, adscrita al Departamento de Arte. UPEL. IPC.
Categoría: Asociado.
Correo electrónico: ortaa2020@gmail.com
TÍTULOS OBTENIDOS
Doctora en Educación Artística. Universidad de Sevilla, España. 2010.
Magíster en Arte, mención Estética. UPEL- IPC. 1997.
Profesora de Artes Plásticas. IPC- UPEL. 1984.
OTROS ESTUDIOS NO CONDUCENTES A TÍTULO vinculados al área
Estudios de Pregrado en Filosofía. UCV. 1985-1990.
Cursos aprobados del Doctorado en Cultura y arte para América Latina y el caribe (Pensamiento latinoamericano. Investigación Cualitativa. Historia local y regional). UPEL-IPC. 2008-2009.
ACTIVIDADES PROFESIONALES DESARROLLADAS
Vicerrectora Académica Universidad Audiovisual de Venezuela.
Docente de los Doctorados en Ciencias de la Educación y Patrimonio Cultural. Universidad Latinoamericana y del Caribe.
Docente de Pregrado en Metodología de la Investigación. Universidad Audiovisual de Venezuela.
Personal docente ordinario (Jubilada 2015). Departamento de Arte UPEL- IPC. Coordinadora del Doctorado en Cultura y Arte para América Latina y el Caribe UPEL- IPC. 2012-2015.
Coordinadora de la Maestría en Arte, mención Estética UPEL- IPC. 2009-2012.
Jefa de la Unidad de Publicaciones. UPEL- IPC. 2006-2009.
Coordinadora del Programa de Artes Plásticas UPEL- IPC. 2003-2006.
Jefa de la Cátedra de Expresión Plástica, Coordinadora.
Docente en cursos de pregrado y postgrado de Estética, Cultura y Arte, Metodología de la Educación, entre otros. UPEL- IPC. 1992-Actual.
Participación como Jurado en Trabajos de ascenso, Trabajos de Grado, Tesis Doctorales y Concursos de Oposición. (Actual)
Tutora de Trabajos de Grado y Tesis en el nivel de Post grado. (Actual)
Participación como ponente en eventos educativos nacionales e internacionales. Participación como artista plástico en eventos artísticos nacionales.
PUBLICACIONES
2009. Artículo: Reflexiones en torno al espacio en las artes visuales http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1010-29142010000100008
2012. Coautora de Libros de Educación Artística y Recorriendo el arte de la Colección Bicentenario. Ministerio del Poder Popular para la Educación, Venezuela.
2022. Artículo: Prácticas estéticas y decolonialidad https://revistasimbiosis.org/index.php/simbiosis/article/view/23

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