domingo, 15 de febrero de 2026

Félix Hernández: La crítica de arte como género literario y sus modalidades después del llamado “fin de la crítica”. Un acercamiento actual al caso venezolano

Continuando con las ponencias de los participantes en el Encuentro de Critica de Arte en Venezuela, Iartes, MBA, publico hoy el escrito del curador, promotor cultural e historiador del arte Félix Hernández.
Titulado: La crítica de arte como género literario y sus modalidades después del llamado “fin de la crítica”. Un acercamiento actual al caso venezolano.

 

La intención pura del artista es la del productor que se siente autónomo, es decir, enteramente amo de su producto, de su forma o de su función o, incluso, de su sentido; que tiende a recusar no solamente los "programas" impuestos a priori por los clérigos y los letrados sino también con la vieja jerarquía del hacer y del decir, de la práctica y del discurso teórico, las interpretaciones sobreimpuestas a posteriori sobre su obra.
 Pierre Bourdieu 


 PARTE I Un poco de historia… 
La crítica de arte tiene raíces profundas en el tiempo y es tan universal que resulta una actividad intrínseca en el ser humano. Ya con los griegos y especialmente con los romanos existían personas encargadas para valorar, seleccionar y propiciar la compra de objetos estéticos y se ejercía esta función en certámenes, exhibiciones y en la adquisición de obras de los artistas más cotizados. Luego, el Renacimiento creó un mercado artístico a través del patrocinio, el mecenazgo y el encargo, alcanzando el gusto popular en los Países Bajos, de manera tal que fue extendiéndose al compás del ascenso de la burguesía en su escala de valores sociales, por lo cual requería orientaciones en torno a la idea de arte y el estatus de los artistas del momento. Seguidamente, en el siglo XVI se fue conformando lo que se conoce como literatura artística, con textos que fueron impulsando un género cuyas primeras manifestaciones las encontramos en los tratados, como los creados por la Contrarreforma. En la búsqueda, por parte de la monarquía eclesiástica española, de mayor dominio y control sobre sus territorios, en la Contrarreforma estos tratados se utilizaron para normar el arte en función de su principal objetivo; la conversión de la población nativa, tras la conquista y colonización, lo que se realizaba por intermedio de iconografías preestablecidas y altamente reguladas que podían ser vistas como una biblia en imágenes, dirigida a una población que no conocía el idioma, era mayoritariamente ágrafa y tenían sus propias creencias. Con la ideología de “la espada y la cruz”, estos tratados fueron hechos con el objeto de moralizar y establecer jerarquías para con un orden social que debía aceptar estrictas tradiciones católicas y costumbres metropolitanas. Por otro lado, con el cambio de estatuto de artesanos a artistas que se empieza a dar en el Renacimiento se produce ya, en el siglo XVI, las primeras formas de lo que luego se conocerá como crítica de arte, la cual empezamos a reconocer en Le Vite de Vasari, centrada en establecer los juicios sobre los artistas de aquella época o también Las vidas de Bellori, que para el siglo XVII continúa con esta tendencia. El incipiente estilo de crítica de aquellas épocas fue formalizándose y centrándose más en la idea de exaltar el prestigio de determinados artistas, que en analizar su producción simbólica. La crítica de arte propiamente dicha comienza una vez que La Real Academia de Pintura y Escultura (1663) organiza sus primeros ejercicios públicos, pensados en dar a conocer el trabajo de sus miembros. Con esta iniciativa la Academia francesa utilizaba esas exposiciones motivada por su afán de lograr su pretendida hegemonía artística frente a las otras academias del momento. Las primeras exposiciones eran visitadas por un público restringido: artistas, amateurs, coleccionistas, funcionarios, maestros del arte, entre otros. Los llamados amateur eran personas de cierta posición que se dedicaban al comentario sobre estas exposiciones, el pueblo llano no tenía acceso a estos eventos y la burguesía en ascenso aspiraba a una mayor participación en ellos. Ya para 1673, el éxito de estas actividades permite un ambiente multitudinario, donde se da cita aquella burguesía. Luego de una pausa, se realizan de manera oficial por primera vez en el Louvre, en 1699, el Salón de Arte Francés, adquiriendo la denominación de Salones a partir de ese momento. Como una novedad se introduce el uso de las guías de mano, a la venta para los visitantes, publicaciones en la que se podía encontrar indicaciones, tales como: la disposición de los cuadros, autoría, género, pero sin ninguna consideración de valor. Ese mismo criterio se ve en la prensa oficial, la única que existía en ese momento, de manera que a finales del siglo XVII ya se publicaban descripción de cuadros, entre otras noticias de los actos de la Academia, pero sin ningún tipo de juicio concreto, sin crítica. En este sentido, cabe recordar que el arte hasta el siglo XVIII fue controlado casi exclusivamente por las élites (monarcas, nobleza, clero y sus agentes) a quienes los artistas servían para satisfacer la ostentación de su poder, riqueza o la defensa de sus valores. Al ser administrado desde el poder se impedía la existencia de la crítica, por lo que no existía una experiencia real y popular sobre el “gran arte”. Y claro está: “Solo cuando existe un público para el arte puede existir la crítica de arte” , como su interlocutor necesario. Pero la situación político-económica ya había comenzado a cambiar con el sostenido ascenso de la burguesía que, desde el final de la Edad Media, se fue consolidando en la producción de mercancías, su distribución, el paulatino acaparamiento de la actividad financiera, hasta convertirse en prestamistas y por supuesto en “inversores en el arte”, tarea esta última que ocupó buena parte de sus intereses en el siglo XVII, como una forma de obtener prestigio, relevancia social y para acercarse estratégicamente a la aristocracia. El ascenso a la esfera pública de esa burguesía, el surgimiento del ciudadano como parte integrante y constructor de un nuevo orden social, la nueva sensibilidad fundamentada en la convicción en la soberanía del individuo, el acceso al conocimiento, la autonomía y libertad de elección, dan nueva forma al debate estético y se convierten en el símbolo y metáfora del ansiado cambio social, político y económico que esa burguesía anhelaba. Estos asuntos generan un nuevo gusto más o menos consensuado, el cual perseguía la búsqueda de identidad de la burguesía por la vía de hacer patente su idea del juicio individual, comportamiento que se aprovechó de la naciente prensa no oficial como espacio para impactar en la opinión pública y, así, crear las condiciones del inminente ascenso de esa clase social, apoyada en las teorías y reclamos de la Ilustración. De esta manera, se afectó el discurso oficial de la monarquía, hasta hacer temblar a la aristocracia y el clero . De manera que, al recoger estos anhelos, la prensa de los siglos XVII y XVIII generó el consiguiente impacto en el discurso cultural de la época, donde la crítica de arte publicada por algunos poetas, filósofos y escritores en general, se divide entre la defensa de los académicos y la defensa de la crítica anónima. Arte y política se empiezan a entrelazar y el discurso del mundo del arte queda alterado definitivamente. El caso de Denis Diderot (Langres, 5 de octubre de 1713 - París, 31 de julio de 1784), quien cubre los Salones desde 1759 por encargo de Friedrich Melchior Grimm, director de la Correspondance Litteraire es emblemático. Su crítica de arte estaba destinada a ser difundida fuera de París, por lo que llegaba a otras casas reales, esto junto a la censura y la represión debido a sus ideas y publicaciones, le costó la cárcel en 1749, entre otros asuntos debido a que se consideró irritante, por parte del Antiguo Régimen, que las publicaciones de los críticos viajasen a las provincias y a cortes extranjeras. Para Diderot, la experiencia desinteresada de lo bello como forma de la sensibilidad humana se convierte en origen de superación moral para el “hombre virtuoso”. Los sentimientos e impresiones del sujeto desplazan al objeto y con él a la belleza objetiva. De modo que, en Diderot, se establece el conflicto entre la razón y la sensibilidad. Esta forma de pensar conducirá hacia la autonomía estética en la Modernidad. La teoría crítica de Diderot, comportó una simbiosis entre juicio literario, académico y periodístico para reportar una valoración estética sobre las obras de arte, los artistas y las exposiciones. Entre 1704 y 1737 se interrumpieron las exposiciones oficiales, momento en el que cambia la reflexión de los teóricos sobre la cuestión del gusto, lo que producirá modificaciones en los hábitos del público. Los tratadistas de principios del siglo XVIII ponen de manifiesto el cambio de concepción para dar cuenta del relativismo del gusto frente a la norma atemporal, así se diversificará aún más la concepción de la belleza ampliándose la intervención del intelecto. En sus debates, la alianza entre arte y política cumplió una función ideológica, los salones, de este modo, se constituyeron en uno de los focos germinadores de la Revolución, ellos actuaron como palestra en esa alianza que influyó en la evolución de estos acontecimientos. En este ínterin, el nacimiento de la disciplina estética en el siglo XVIII amplió el interés especializado en el “campo del arte”, pronto surgirán las diferentes formas de la filosofía del arte y la teoría del arte, contra las cuales se enfrentaron los románticos, proponiendo lo que se conoce como las llamadas Poéticas . Todo el mal uso y abuso que se ha hecho de este término se podría aclarar si se comprendiera la reacción que los románticos plantearon con respecto a la Academia, la crítica, la estética, la filosofía y la teoría del arte de su momento . Los románticos no querían injerencias en medio de su actividad artística, si no pasaba primero por la consideración de la actitud autónoma que reclamaban: ellos querían ser los adecuados interlocutores de sus procedimientos y principios, que se les reconocieran como creadores de sus propios planteamientos teóricos y ejercer la crítica acerca de su propia producción, de sus intereses. Esta actitud y legado representa una primera sacudida con respecto a la actividad profesional de la crítica, que tendrá sus consecuencias al inicio del siglo XX, con el nacimiento de las vanguardias heroicas, movimientos que retoman aquella actitud y la profundizan para lograr, por fin, la tan anhelada autonomía del campo artístico y el reconocimiento de sus planteamientos utópicos, sin los consabidos condicionamientos por parte del mercado, en un momento en el que empieza a fortalecerse el sistema institucional del arte . De este modo, la crítica fue acercándose a la filología convirtiéndose, entonces, en exégesis y erudición. Ante esto, la Estética es la disciplina que pretende establecer y fundamentar una verdadera teoría de la crítica. Es decir, una crítica como ciencia. Este intento va a ser desarrollado, a partir de Alexander Baumgarten, sobre todo por Kant, en su Crítica del Juicio, de 1790 . En la obra de Kant, la crítica (artística y literaria) se convierte en el modelo de la filosofía. Este modelo crítico será el reelaborado por Marx y Engels en la construcción de su propio modelo de crítica social y política. Por ello, finalmente, en Adorno y en Horkheimer, los padres de la Teoría Crítica, es tan decisiva y tan importante la Estética, la crítica literaria y la crítica musical, como la crítica filosófica y política. De hecho, son, para ellos, la misma actividad . 

  PARTE II Proceso a la crítica… 
El lenguaje literario y el de investigación están unidos en el ámbito de la crítica de arte. Historia del arte, literatura, filosofía, estética, comunicación y periodismo, son ámbitos en el que la crítica se ha ido configurando de forma intuitiva, tomando direcciones disímiles a partir de distintos lenguajes y conocimientos, frecuentemente ligados al mercado y la publicidad. En ese sentido, es oportuno reclamar que la crítica de arte no debe dejarse atrapar por el componente altamente comercial del mercado y la propaganda. Resucitar su función poética, investigar rigurosamente con herramientas conceptuales bien afinadas y trazando las problemáticas centrales del arte, para profundizar en el conocimiento al margen de lo novedoso, para reelaborar constantemente su actitud mediadora entre el artista y el espectador y volver, así, a recuperar esa capacidad de emocionar que aporta el lenguaje poético, son parte de los asuntos que se espera de ella. Pero la importancia de la prensa y su crecimiento exponencial a partir del siglo XIX, unido a la pluralidad de expresiones para hablar en definitiva del objeto artístico y su polisemia, hará que se ramifique hacia significados múltiples. Esta y otras razones han favorecido que la crítica haya perdido protagonismo debido a la idea de que se permiten que todo el mundo opine y escriba sobre arte. No obstante, el siglo XX es una muestra de esa línea vinculada tanto al rigor investigativo, como al universo poético en el que surgieron las grandes figuras de la crítica de arte. Por lo expresado, la función de la crítica siempre ha tenido una dosis de ambigüedad, pues se trata de comentar, juzgar, valorar, premiar, distinguir, aportar sentido; por lo que se asienta, en definitiva, en criterios estético-culturales muy amplios y difusos. Los periódicos han conformado esta vertiente más conservadora, propiciando un acercamiento, en ocasiones, más complaciente y formalista a una crítica laudatoria que niega cualquier vinculación, por ejemplo, entre arte y política, apostando por lo supuestamente seguro, lo políticamente conveniente, al eliminar la disparidad de voces sobre un mismo fenómeno, cuidándose de no visibilizarse como un componente perturbador e inquietante que perjudicara al mercado. Estas son algunas de las razones por lo que la crítica de arte entró en crisis frente a un fenómeno que empezó a destacarse a finales de los años cincuenta y que produjo otras formas de expresión en lo que seguidamente se llamaría el “campo expandido del arte”: la curaduría . En este sentido, a inicios del siglo XX, la aspiración autonomista de las vanguardias artísticas propiciaría que sus miembros se comprometieran, como lo hicieran los románticos, con la defensa de sus propios planteamientos y la organización de su re-presentación discursiva y material y, por tanto, con la organización de buena parte de sus propuestas expositivas. De este modo, pronto se empiezan a manifestar una colaboración, pero también una superación, con las diferencias consabidas de sus roles, entre crítica de arte y curaduría. De manera que, la idea de curador artista tiene sus antecedentes en las primeras décadas de este siglo, con intervenciones como la de Marcel Duchamp, considerado paradigmático con respecto a la idea de artista-curador, actitud que asumieron diversos componentes de esas vanguardias. A finales de los años cuarenta, la diáspora propiciada por las dos grandes guerras daría como resultado el advenimiento de la curaduría contemporánea. Desde las posturas de personalidades como Alfred Barr a la cabeza (un director de museos) y Peggy Guggenheim (una directora de galería), se consolidarían estratégicamente las políticas expositivas occidentales después de 1945. En 1940, se inició un importante movimiento artístico promovido por galerías, museos, coleccionistas y críticos que convirtieron Nueva York en la nueva capital artística mundial, en tanto que París, otrora impulsora y cobijo de vanguardias, sufría los estragos de la ocupación nazi. Fue también en estos años en los que Peggy Guggenheim abrió en Nueva York la galería Art of This Century en la que, aparte de presentar las corrientes europeas predominantes en aquel momento: el surrealismo y la abstracción, apostó por una joven generación de artistas americanos, algunos de los cuales se convirtieron en el transcurrir del tiempo en los pilares de la nueva pintura americana. Alrededor de estos acontecimientos, estrategias geopolíticas propician un laboratorio en el que Nueva York le quita la primacía cultural a París con el inicio de la Guerra Fría, en 1947. El capitalismo financiero hace su aparición en un escenario en el que el dólar suma a su poder de valor de cambio, el poder de constituirse en una mercancía. A raíz de este plus-sobrante económico artificial (dinero para el auxilio financiero a Europa), se propician nuevos intereses en el mundo de la inversión que tiene sus consecuencias en la expansión del número de galerías, el marchantismo y el coleccionismo de arte en EE.UU. y Europa. La actividad curatorial institucional se expande, asimismo, en el universo de galerías, en la asesoría a marchantes y coleccionistas, hasta que a finales de los cincuenta este giro propicia el origen de la curaduría independiente, momento en el que se empieza a hablar de la “muerte de la crítica”. En esta emergencia de la profesión de curador independiente, en buena medida fueron los propios artistas junto con los diseñadores de exposiciones los encargados de subvertir el formato tradicional de la obra de arte y su exposición, a la vez que cuestionaron la eficacia de las prácticas artísticas, como parte de una crítica más amplia hacia la «institución burguesa del arte», que ya habían realizado grupos como los dadaístas, los constructivistas y los surrealistas. Desde su posición protagónica surge la figura del artista curador, que se reserva la capacidad propia de ejercer la curaduría, además que desde esa misma posición concibe la exposición como obra. Esta función irrumpe en un momento en el que las exposiciones temporales fueron ganando terreno ante las muestras subsidiarias de las colecciones de museos, las llamadas exposiciones permanentes. A principios de la década de 1960 todavía se aceptaba sin cuestionar la separación funcional de teoría y práctica, siendo la teoría del dominio de críticos, filósofos e historiadores de arte, mientras la segunda pertenecía al ámbito de los artistas. En el marco de la crítica a las instituciones, al estatus de la obra de arte y de la noción de arte mismo, bajo un creciente esquema de mercado, el resurgimiento de las prácticas de vanguardia (neos, post y retros), se constituye en espacios discursivos para el despliegue de la crítica del objeto arte, el rol que ocupan los artistas, el control de las instituciones museísticas y su naturaleza normativa. Es por ello que, a mediados de esa década, ciertos artistas (sobre todo los de tendencia minimal y conceptual) se dieron cuenta de que explicitar la base teórica de su arte era un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de quienes no eran artistas, por más sensibles y preparados que fueran, y empezaron a adjudicarse el papel de críticos. Pero, todo ello, como se ha dicho bajo un esquema en el que el nacimiento de las neo-vanguardias, como entidades que recuerdan lo heroico de las vanguardias de principios del siglo XX, asumen ahora estrategias de mercado frente a la consolidación del “sistema institucional del arte”, el cual funge como nuevos tutores del arte y los artistas. Estas neovanguardias empezaron a comprender que una obra es arte, a causa de la posición que ocupa en el marco de las prácticas culturales a la vez que pudieron vivenciar, cómo de manera explícita en el mundo del arte factores externos económicos, sociales, culturales y políticos marcaban pautas, designaban preferencias y asignaban roles. Pero, durante los años sesenta y setenta, una cantidad significativa de artistas comenzaron a observar el con¬tenido ideológico, la filiación de clase y el fetichismo que sostienen al museo como institución burguesa, como campo de problemas más que un mero ámbito de exhibición. En diversas metrópolis se multiplicaron las propuestas artísticas que señalaban a las instituciones culturales como administradores de representaciones sociales conservadoras. Empezaron a multiplicarse las tácticas para desestabilizarlas. Estas prácticas o proyectos artísticos se vienen estudiando (sobre todo en el ámbito anglosajón) bajo la noción de crítica institucional. El término fue acuñado en 1975 por Mel Ramsden del grupo inglés Art & Language y permite dar cuenta de las articulaciones entre las operaciones estéticas y los modos en que las prácticas artísticas se inscribieron en la progresiva radicalización política de aquellos años y cómo la institución artística, cooptada por el mercado y los “burócratas” del arte, se instrumentalizaba para contribuir a la hegemonía anglosajona capitalista. La “crítica institucional” tiende a entenderse como una categoría universal que da cuenta cómo se naturalizaban el arte moderno y el gusto burgués, disfrazando esta alienación de “universalidad”. Los gustos establecidos en un canon o en un estilo determinado no lograron dar cuenta, por ejemplo, de la experimentación en el campo del arte. De ahí que un grupo de críticos, pero en especial los curadores, intenten tender un puente entre las obras y el público. Desde luego, tanto el público del arte como aquellos interlocutores especializados hacen parte de una misma comunidad discursiva, es decir, el mensaje tendrá mayores posibilidades de encontrar una resonancia en la medida en que se dirija a receptores del mismo campo, como bien expresara Pierre Bourdieu o con Becker que hace referencia a lo que luego se denominará “mundillo del arte”. La postmodernidad que goza de la consolidación del capital financiero estimula la creación de nuevos museos, galerías y otros espacios del arte, así como estimula el marchantismo y el coleccionismo. Ella puede ser vista como algo contenido en la contemporaneidad y que ocupa un tiempo que va de mediados de los sesenta a finales de los noventa del siglo XX, ubicándose en especial en las capitales tecnológicas, producto de una moda o noción de lo nuevo generadas para la creación de nuevas formas de valor. Además, tiene que ver con una industria postmanufacturera y con un nuevo modelo de ventas en el marco de la globalización, la sociedad de la información y la comunicación (posfordismo), en el contexto de un creciente individualismo, narcisismo y hedonismo. Este es el momento estelar de la expansión del fenómeno de la bienalización, globalización del arte y sus prácticas (aparición de internet), y con ello la intensificación de su mercantilización. “Post, retros y neos” en el arte tienen que ver con la evolución de este mundo, que para poder funcionar dentro de los valores de una sociedad post-capitalista, transnacional, financiera y corporativa se pliegan hacia el mercado. Y es en los ochenta en donde la crítica institucional realizó buena parte de sus acciones, con la conciencia de lo que esa posmodernidad representaba. Ante este panorama la crítica siguió sufriendo reveses, mientras la curaduría se consolidó y expandió en los esos años ochenta con el llamado giro curatorial, efectuado por curadores independientes, al margen de las instituciones y en complicidad con los artistas. En este sentido, es necesario señalar que durante la última década otro fenómeno ha irrumpido en el campo del arte: la red de comunicación construida en torno a internet, la cual ha descentrado los límites del arte, tanto en las fronteras internas de su propio campo como en las fronteras territoriales ancladas a las naciones, mediante formas inéditas de arte (net.art); una concepción renovada de los museos sobre sus colecciones (la exposiciones blockbuster, el archivo digital y el museo virtual); la eclosión de prácticas colaborativas de orden global en cuanto a investigaciones, curadurías y red de creadores; la propagación de Google como motor de búsqueda que ha ampliado y universalizado el legado iconográfico de la humanidad (al transformar pedagogías y prácticas creativas); y, desde luego, el cambio de posición de los públicos en relación con el arte, con la aparición de las redes sociales. Esta comunidad extendida que incluye a las industrias culturales ampliaron el imaginario de la ciudadanía global, síntesis visual de algunas vanguardias condensadas en un video clip, en la publicidad, en un póster, lo que ha redefinido las relaciones que se construyen dentro del propio campo. En este entorno, la crítica sigue con sus derrotas y pasa a otras formas discursivas como la entrevista a artistas, la noticia de moda, la reseña de exposiciones, el comentario de turno, la crónica, la opinión, la cultura digital dirigida a un público universal e interconectado que accede a los blogs, las revistas virtuales, las redes sociales, formas del discurso que carecen del rigor, de actitud investigativa, de conocimiento y la experiencia que quedó atrás en el siglo xx. Ahora el imperio pertenecerá en este ámbito a la moda, lo actual, el espectáculo, el divertimento, el cotilleo, el show, lo bizarro y lo inquietante de una noticia que dura “en el aire” y en nuestras mentes unos pocos minutos. Un mundillo en expansión del que se podría decir parafraseando a Lázlò Moholy Nagy, en el siglo XXI los considerados analfabetas no serán aquellos que no saben leer y ni escribir sino los que no sepan leer e interpretar imágenes. Se volvería entonces a la ecuación simplista de que la crítica en el sentido más amplio es el arte de juzgar, el arte de formar el gusto acerca de lo sensible proponiendo su propio juicio, pero ahora a través de la ecuación de los textos cortos propios de las redes sociales. Lo anterior no quiere decir que no existan blogs, revistas especializadas y arbitradas de crítica de arte en formato físico y digital, así como revistas de curadores dirigida especialmente para otros curadores en formato digital, pero el discurso que esgrimen solo es accesible a gente que domina los códigos, miembros de una comunidad lingüística que está bien informada y con cierto conocimiento especializado, que participan de una jerga y un campo léxico propio de un mundillo que es filtrado por jerarquías y ritos de paso.

   PARTE III El caso venezolano… 
La crítica de arte en Venezuela estuvo marcada por el “autodidactismo” hasta más o menos mediados de los setenta. En sus inicios los aspectos formalistas, el problema de lo estilístico e iconográfico fueron sus códigos más recurrentes. También, en nuestro país el género tuvo su mejor palestra en la prensa. El Universal (1909) y El Nacional (1943) fueron diarios fundados por escritores: el poeta Andrés Mata y el novelista Miguel Otero Silva. También Ultimas Noticias (1941) tuvo con cierta regularidad su página cultural. Para los años 60 del siglo XX revistas, páginas y suplementos dedicados a la cultura y a las artes, en el marco del creciente desarrollo institucional, debido a la presencia continua de eventos (exposiciones, salones, etc.) tuvieron un importante desarrollo, aupados por la economía petrolera que favorecía preferentemente a una capital con aspiraciones cosmopolitas. En los años 70 del siglo XX se consolidarán tanto la fuente cultural como la especialización periodística, lo que le dará un perfil más amplio a ese desarrollo. Por otro lado, la profesionalización y los estudios universitarios permitieron sistematizar una crítica que ya no provenía exclusivamente de las tertulias, peñas, ni de los movimientos artísticos. El ejercicio crítico se volcó a la interpretación del arte y sus fenómenos con una orientación académica a raíz de la fundación de escuelas de arte con orientación teórica, como la de la Universidad Central de Venezuela, estudios que se dan, entre otros aspectos, debido a la intensificación del contacto con otras culturas, por el reconocimiento de los modelos instaurados por las vanguardias y a la hegemonía ejercida por el canon occidental en la interpretación del arte y los fenómenos artísticos. La actividad crítica nacida de allí intentó superar la inmediatez del periodismo y proyectó su actividad en el naciente sistema institucional del arte nacional. En ese contexto, los años 60 y 70 resultan particularmente activos para la crítica y el arte venezolano, dado que en ese lapso hubo un inédito despliegue institucional y artístico que abrió su espacio a la confrontación de ideas y tendencias de las artes plásticas venezolanas, lo que fue favorecido por el aumento de instituciones museísticas, de espacios de confrontación y de galerías. Buena parte de las instituciones culturales surgidas durante estas décadas atenderán a esfuerzos conscientes de difusión y socialización del arte: hablamos entre otros, de los Museos de Arte Contemporáneo de Caracas ( MACCSI), fundado en 1974 y la Galería de Arte Nacional (1976), los cuales sumaron nuevos espacios y proyectos expositivos a esa referencia nacional que a lo largo del siglo XX fue el Museo de Bellas Artes . Al crecimiento de las galerías de arte se sumó la creación del CONAC (29 de agosto de 1975). Este tejido institucional creció en medio de un clima político y social marcado también por transformaciones impulsadas por el auge petrolero, con sus consiguientes procesos de urbanización y de modernización que permearon a la sociedad en general y por la consolidación del régimen democrático, impulsado por una idea de Estado benefactor que irrigó los distintos estratos institucionales del país, incluido el arte. Se generaron aperturas hacia la escena internacional que hicieron a nuestro país, en lo artístico-cultural, una «zona abierta» –como lo definió Marta Traba (1973)– atenta a la asimilación y actualización de las tendencias creadoras que se imponían hegemónicamente desde los circuitos de las metrópolis de Estados Unidos y Europa. La guerrilla venezolana y los grupos de vanguardia artísticos-literarios ligados a ella directa o indirectamente en los sesenta y setenta también jugaron un papel preponderante, en términos de crítica y oposición con aquel sistema, por intermedio de discursos entablados por intelectuales y críticos espontáneos, autodidactas o con cierta formación como: Sergio Antillano, Juan Calzadilla, Perán Erminy, Rafael Pineda, Roberto Guevara. Pronto surgirá, como habremos dicho, la figura del crítico profesional, con estudios a nivel universitario. No exentas de entrevistas, noticias, crónicas, reseñas de exposiciones, esta crítica se movía entre la erudición y la opinión. Asimismo, complementando las ideas de Moraima, en ocasiones, los medios de comunicación jugaron un papel que convive y alimentan la novedad y el espectáculo, propiciando un acercamiento, en ocasiones, más complaciente y formalista a una crítica laudatoria que niega cualquier vinculación, por ejemplo, entre arte y política, apostando por lo supuestamente seguro, lo políticamente conveniente, al eliminar la disparidad de voces sobre un mismo fenómeno, cuidándose de no visibilizarse como un componente perturbador e inquietante que perjudicara al mercado. La crítica de arte destaca, entonces, como uno de los discursos canonizadores y legitimadores dentro de la difusión de la cultura en los medios masivos, ámbito de consagración y de tensiones, también funge como termómetro al interior del campo artístico. En este contexto, desde los años sesenta y setenta, hasta más o menos el dos mil diez, una serie de publicaciones periódicas, revistas de alta calidad amparadas en las posibilidades económicas de un país que vivió la bonanza petrolera, llevaron el pulso del acontecer artístico nacional . En esta tarea, la función del crítico se encuentra condicionada por distintos factores: el medio por el cual difunde su trabajo, el contexto social en el que se inserta, los públicos a los que se dirige, los círculos artísticos y académicos en los cuales se mueve, la valoración a que la somete las élites sociales, el mercado, la necesidad de construcción social del gusto, el papel de las galerías y los museos, entre otros. Con el fenómeno de la polarización en Venezuela a partir de 2002 empieza una crisis en ascenso que confluyó en el cierre o quiebre de numerosos diarios, la desaparición de publicaciones, la merma en la investigación especializada, hasta que en 2017 ocurre el fenómeno de la desaparición de los departamentos de publicación de la Fundación Museos Nacionales, institución fundada en 2008, que reunió en su seno buena parte de los mejores museos del país, lo que interrumpió uno de los deberes de los museos: publicar sus investigaciones. Subsisten en este panorama pocas iniciativas privadas, la mayoría enfocadas en el universo virtual , en las que se manifiesta un reducido o mermado campo profesional especializado, entre otras razones debido a que muchos de sus miembros formarán parte de las diásporas consuetudinarias que vivimos a partir de finales de la primera década del siglo XXI en Venezuela y que por razones económicas se dedicaron a otros oficios. Buena parte de estas iniciativas, con unas políticas editoriales que tendrán sus altas y sus bajas, lógicamente, por las influencias de un mundo globalizado e interconectado, repiten el escenario nombrado en el anterior capítulo. Por otro lado, la mayoría de estas publicaciones desatienden la crítica institucional y el campo de la sociología del arte (instituciones, agentes, mediaciones y públicos), dos enormes deudas que arrastramos en nuestro pensamiento crítico cultural nacional. Y así, aunque con sus diferencias, el panorama que se despliega ante nosotros será parecido al anunciado en la parte II de este texto, en el que se explicita que: la entrevista a artistas, la noticia, la reseña de exposiciones, el comentario de turno, la crónica, la opinión, la moda, lo actual, el espectáculo, el divertimento, el cotilleo, el show, lo bizarro y lo inquietante de una noticia que dura “en el aire” y en nuestras mentes unos pocos minutos, constituirá la cultura digital dirigida a un público universal e interconectado que accede a los blogs, las revistas virtuales, las redes sociales, etc., modalidades del discurso que en ocasiones carecen del rigor de la actitud investigativa. De manera que, es difícil argumentar que la crítica de arte ha muerto en Venezuela , lo que sabemos es que sus modalidades discursivas han cambiado; ahora depende de unos códigos que atienden al imperativo de una sociedad de la información y la comunicación regida también por un canon en el que ese periodismo y estilo de comunicación de hoy en día representa un mar de información, con un centímetro de profundidad. Ahora bien, es cierto que la crítica especializada e investigación en artes en Venezuela ha hecho un loable esfuerzo en sus cortas décadas de vida por reportar el nacimiento, desarrollo y evolución de determinados movimientos, tendencias, individualidades y agrupaciones, también es importante reconocer que buena parte de estos esfuerzos se reunieron en las políticas editoriales de los museos en un país donde las líneas editoriales, públicas y privadas, muestran poco interés en el tema. Sin embargo, al reunir este material destaca las inmensas deudas que vienen arrastrándose dentro de una crítica e investigación dedicadas al arte venezolano contemporáneo y el papel que se debe desempeñar para lograr una conformación más completa de nuestra conciencia plástico-visual. Lo anterior tiene sus lecturas de interés cuando aceptamos que la construcción “panorámica” de la historia del arte contemporáneo en la nación solo ha completado un ciclo que da cuenta limitada de su evolución, con relatos que apenas llegan a los inicios del siglo XXI, con excepción de los trabajos realizados por Juan Carlos Palenzuela, con obras como: Arte en Venezuela 1950-1979 y Arte en Venezuela 1980-2005 , los que pueden ser vistos como lo más vasto escrito hasta el momento desde ese tipo de visiones. En el mismo orden de ideas, le siguen publicaciones como: Arte Contemporáneo de Venezuela, vol. 1 , escrito por varios autores y editado por Dulce Gómez y Francisco Villanueva (2005), y Arte Contemporáneo de Venezuela, vol. 2 , también de varios autores, editado por Sagrario Berti, Aixa Sánchez y Francisco Raúl Villanueva (2023), textos cuya orientación se concentra más en el estudio con base en el inventario de individualidades, biografías de artistas, análisis y selección de obras puntuales de creadores reconocidos o emergentes posicionados en el sistema institucional del arte o el mercado. En estos últimos acercamientos persisten ausencias significativas, en una indagación que merece ser mejor justificada con criterios valorativos sobre la trascendencia y sentido de lo seleccionado, lo que implica también un esfuerzo por ampliar considerablemente dicha selección, dentro de un universo apreciable de otras personalidades relevantes. Por último, la obra Desafiando el Canon. El arte contemporáneo en Venezuela. Prácticas e instituciones (2024), de la investigadora y curadora Carmen Hernández, representa otro tipo de acercamiento muy en boga desde mediados de los noventa, consustanciado con la tendencia actual de considerar otras formas de hacer crítica e historia del arte; no ya tanto a la referida preponderantemente a los artistas y sus obras, sino sobre todo al universo de las exposiciones, los espacios del arte y el trabajo de los curadores en la construcción de imaginarios, cartografías y agendas; aspectos que se destacan en el texto a través de una: “…reflexión crítica sobre la conformación del campo y el canon del arte contemporáneo en Venezuela durante el siglo XX y el rol de los museos en el afianzamiento del canon del llamado arte contemporáneo y la valoración de la obra de algunos creadores en el mercado internacional del arte” . De manera que, en un medio donde no abunda la crítica especializada, los estudios panorámicos y específicos que asuman la contemporaneidad plástica en términos históricos, con el objeto de ampliar el universo de abordajes del fenómeno estético contemporáneo, representa un reto a la hora de generar nuevos relatos históricos. Y es allí, en estas carencias donde se vislumbra la necesidad de una renovada crítica de arte que pueda seguir aportando insumos a aquellas narrativos que se irán construyendo sobre el arte de nuestro tiempo. 

                                                           Notas al pie
1-  Al respecto ver: Anna Mª Guasch (coord.), El origen de la crítica de arte y los salones, Ediciones del Serbal, Madrid, Barcelona, 2003. Recuperado en http:77www.kaleidoscopio.com.ar>crítica textos.

 2- “Una subversión que no habría sido posible sin la aparición de la prensa, a través de la que, en el paso del siglo XVII al XVIII, “las fuerzas empeñadas en conseguir influencia en las decisiones del poder estatal apelan al público raciocinante para legitimar sus exigencias ante esta nueva tribuna”, como ocurre en el “caso modélico de la evolución inglesa”, donde la prensa quedó libre de censura en 1695. Revistas como The Tatler, de Steele, y The Spectator, de Addison -imitadas a lo largo del siglo XVIII en toda Europa, tipifican la unificación de un nuevo bloque dirigente a través de su discurso cultural, donde la burguesía descubre “una imagen idealizada de sus relaciones sociales”. Las discusiones estéticas parecen dar cuerpo al principio de igualdad de derechos que, obviamente, continúa siendo mera abstracción - pero ahora supuestamente legitimada- en el terreno político-económico. Y si esta prensa no fue esencialmente política se debió a que “lo que el momento político exigía era precisamente ‘cultural’”, Ibid, p. 1. 

 3- “En el clima romántico el término poética adopta dos acepciones que pueden presentarse juntas o por separado. Designa, ante todo, la teoría propia de cada una de las artes y, más en concreto, el carácter específico de la poesía; remite, en segundo lugar, a lo que todas las artes tienen en común por encima de su parte mecánica, es decir, a la actividad libre, creadora, formativa de la fantasía. La autonomía plena de la poética en el romanticismo preanuncia sus éxitos hasta nuestros días y, desde otra perspectiva, se inserta en la temática, muy cultivada en el período que se interroga por las relaciones existentes entre la teoría estética y la práctica artística. Por lo general, los románticos se dedicaban a las dos actividades.”. Marchán Fiz, Simón, La estética en la cultura moderna, Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 95. 

 4- “La reflexión artística, denominada también ‘reflexión práctica del artista’, propugna un análisis de los medios y posibilidades expresivos sobre lo que dispone el artista en cada una de las artes. Tiene que ver tanto con el uso arbitrario, activo, productivo, de nuestros órganos y facultades psíquicas, es decir, con la creación artística como vida autoformativa, como con la obra, identificada con la forma artística. En efecto, para los románticos, fieles al formalismo de Kant y Schiller, la reflexión artística se manifiesta en la apariencia formal de las obras. El protagonismo de la forma, en cuanto órgano de la reflexión artística, es el testimonio más acabado de la concepción del arte como el medio de reflexión. En consecuencia, la obra artística es proclamada un centro artístico de ‘reflexión’ a través de sus formas, tanto respecto al creador como al espectador.”. Ibid., p. 97. 

 5- “…Desde Schiller, el romanticismo y Hegel el ‘arte como reflexión’, que vuela sobre las alas de la reflexión artística y poética, se percata cada vez más de las posibilidades que depara al artista los medios expresivos en cada una de las artes. No en vano, la autorreflexión poética, en la acepción romántica y hegeliana, convive con la modernidad. Cara al futuro destino de ésta y de la propia estética, la obra artística, elevada a un centro activo de la reflexión creadora, se convierte en la premisa de la metáfora de los ‘lenguajes artísticos’, declarados en nuestro siglo los nuevos dominios de la investigación estética y la experimentación artística.”. Ibid., p. 226.

 6- Kant, Enmanuel, Crítica de la facultad de juzgar, Monte Ávila Editores Latinoamericanos, Caracas, 2006.

 7- Al respecto ver: Miguel Cereceda Sánchez, Crítica (de arte) y teoría crítica, Universidad Autónoma de Madrid. DOI: http://doi.org/10.15366/bp2019.21.012, Bajo Palabra. II Época. Nº21, pp.: 199-220.

 8- Aun cuando la curaduría en artes no es una disciplina académica propiamente dicha sino un área de especialización, no por ello deja de apoyarse en teorías, operar bajo determinadas metodologías y proponer ciertas perspectivas que le confieren rigor y contextualidad, hasta el punto de convertirse en materia de interés académico. Los Estudios Curatoriales se han desarrollado de forma creciente en las últimas décadas, definiendo su objeto de estudio en la intersección entre la historia del arte, la historia de las exposiciones y la historia de las prácticas curatoriales (Historia v/s comunicación visual, la exposición como dispositivo y la curaduría como práctica mediadora) 

 9- Para más datos sobre esta relación histórica consultar: Stonor Saunders, Frances, La CIA y la guerra fría cultural , Madrid, editorial Debate, 2001. 

10- Art & Language fue una publicación periódica del arte conceptual con carácter internacional que nace en Coventry, 1966. Fue llevada adelante por el colectivo inglés de artistas conceptuales conformado, inicialmente, por Terry Atkinson, David Bainbridge, Harold Hurrell y Michael Baldwin, que adquiere su denominación actual en 1968, por idea de este último. 

 11- Para más información buscar en: Bourdieu, P., Las reglas del arte, Anagrama, Barcelona, 2005. 

 12- Para más información buscar en: Becker, H. (2008). Los mundos del arte. Sociología del trabajo artístico, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 2008 

 13- Al respecto ver: Guanipa. M., “El discurso incómodo: la crítica de arte en la prensa venezolana (años 60 y 70)”. En: Anuario Ininco / Investigaciones de la comunicación nº 2, vol. 17, Caracas, diciembre 2005, pp. 335-353.
 
 14- Referimos, en términos históricos de: Sardio, Imagen, Criticarte, Estilo, Día Crítica, Estética, ArteFacto, +Arte, Arte Sur, La Roca de Crear, Imagen (segunda temporada), Lamigal, entre muchas y de numerosas publicaciones de corta vida realizada en alianza con artistas como Rayado sobre el Techo, El Congelador, etc. Venezuela es hoy en día un cementerio de revistas de arte, lo mismo pasa con los espacios de confrontación (salones, concursos, bienales, certámenes). 

 15- Félix Suazo hace un balance de algunas de las más destacadas de entre estas iniciativas en: Crítica de arte en Venezuela (2010-2017): reseña, preguntas, tareas, publicado en https://traficovisual. com. s/p,
 14/01/2018
 
 16- La reaparición del Papel Literario de El Nacional y la aparición de columnas en otros periódicos como El Universal, ambos digitales en sus nuevas etapas, son una muestra de un posible retorno más esperanzador.

 17- Palenzuela, J, Arte en Venezuela 1950-1979, Banco Mercantil, 2005 

 18- Palenzuela, J, Arte en Venezuela 1980 -2005, Casa del Cerrajero, Caracas, 2014.

 19- VV.AA. Arte Contemporáneo de Venezuela, vol. 1, Edición a cargo de Dulce Gómez y Francisco Villanueva, Caracas, 2005. 

 20- VV.AA. Arte Contemporáneo de Venezuela, vol. 2, Edición a cargo de Sagrario Berti, Aixa Sánchez y Francisco Raúl Villanueva, Caracas, 2022.

 21- Hernández, Carmen, Desafiando el Canon. El arte contemporáneo en Venezuela. Prácticas e instituciones, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2023.
 
 22- Ibídem (prólogo al libro de Carmen Hernández). 

  Félix Hernández. Nota biográfica
Félix Hernández (Caracas, 1960) es licenciado en Artes, mención Artes Plásticas por la Universidad Central de Venezuela, con estudios en la Maestría de Artes Plásticas: historia y teoría, por esa misma casa de estudios. Se desempeñó como jefe de investigación en la Galería de Arte Nacional hasta que es jubilado en 2023. Promotor cultural y curador independiente, sus ensayos están representados en catálogos de exposiciones, artículos para revistas especializadas y libros; además, es asesor y productor en materia cultural.




lunes, 2 de febrero de 2026

Costa Palamides: 25 Destellos Teatrales de la Escena Caraqueña del 2025

 

25 DESTELLOS TEATRALES DE LA ESCENA CARAQUEÑA DEL 2025 
Costa Palamides
 In Memoriam Nyrma Prieto y Guillermo Díaz Yuma
Cuando el artista escénico se vuelve conscientemente espectador crítico de su profesión, para cumplir con una ponencia sobre interpretar y/o validar el arte escénico, surgen estas impresiones críticas presentadas en el Segundo Encuentro de Crítica de Arte en Venezuela; organizado por la Dirección de Apoyo Técnico y Promoción de las Artes de Iartes. La razón es simple pero poderosa: resguardar la memoria de nuestras huellas en las tablas para que no se borren ni desaparezcan en el arenal dorado de nuestra efímera teatralidad. Nuestro quehacer trabaja con el “aquí” y el “ahora” pero se regenera, se redimensiona, o resucita en cada función, temporadas, giras y reposiciones. El “aquí” y el “ahora” vuelven a estar presentes con la diáfana subjetividad del recuerdo, que me depararon los siguientes espectáculos venezolanos que alcancé a ver en este versátil y dinámico año 2025. 
1. LAS MERIENDAS DE ULISES, de Enric Nolla, con el Taller Experimental de Teatro TET y dirigida por el eterno ya Guillermo Díaz Yuma; trata de iluminar la cruel “crucifixión” de la familia y nos sumerge en una compleja red de afectos y pasiones con una dureza no exenta de poesía, a través de un dispositivo espacial que deviene en crucigrama o laberinto de unos personajes, que se van desnudando hasta convertirse en esqueletos… y polvo de estrellas. Interpretaciones que se elaboran desde lo apócrifo y lo crucial para poder crear en escena esta “odisea” filial. La memoria, como un zumbido constante que desenmascara relaciones y sucesos sin nostalgia. 
2. EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, de Indira Carpio Leal, con Amaká Colectiva, bajo la dirección de Marcela Lunar, nos golpea desde el génesis o el vientre materno con una “Orestíada” coral; asume el “corpus” de lo trágico e irrumpe en un escenario con galopes de caballos enérgicos, que se niegan a ser botín y despojo del patriarcado, se niegan a ser “tierra devastada”, feminidades que rechazan ser país invadido, territorio pisoteado. La mujer-puerta o la mujer-recipiente adquiere visceralidad y se ausculta en la mesa de operaciones que rueda huracanada por el escenario; movida por potentes coreutas que logran producir un “estratégico” estremecimiento grupal. 
3. ROTA, de Simone de Beauvoir, de Ceres Teatro, con puesta en escena de Jericó Montilla, nos transporta a una vorágine de mujeres despedazadas; y somos testigos del descalabro o desmembramiento de un sinfín de quehaceres del gineceo, al que la mujer se expone constantemente agrietada, cuesta abajo o cuesta arriba, defendiendo su cuerpo y su alma. La obra va más allá del manifiesto y asume con sinceridad la herida dionisíaca y la ponzoña en los cuerpos sibilinos de poderosas sacerdotisas de la escena caraqueña.
4. DESPLAZADOS, de Cruz Noguera, con Cuenta Peregrino dirigida por Somar Toro, vuelve para quedarse, marcharse de nuevo y transfigurarse, desde lo sencillo y tierno a lo frustrante, patético y lacerante. Arnaldo Mendoza y Vicente Quintero en roles excepcionales y con múltiples herramientas histriónicas, se entremezclan en el manejo vibrante de tesituras y altos vuelos, que provienen de la dramaturgia y la propuesta escénica. El discurso escénico pone el dedo en la llaga sin resentimientos y nos hace entender la vida como una travesía plena de ilusiones y decepciones, donde lo importante no es llegar a la meta sino el viaje mismo. 
5. En PROFUNDO, la mirada sarcástica de José Ignacio Cabrujas al universo “mágico-religioso”, dentro del seno familiar venezolano, tejida meticulosamente en la maraña de heridas abiertas, propiciada por los conflictos económicos y sociales del país; es visibilizada e internalizada al máximo por Francisco Denis, en una producción “quimérica” de la Compañía Nacional de Teatro; donde la veteranía de su elenco estable, encabezada por: Aura Rivas, Anibal Grunn, Francis Rueda, Luis Domingo González y María Brito, mantiene un pulso ecuánime entre el desgarro y el sueño, entre la realidad y la ilusión, entre lo monstruoso y lo humano.
6. Jennifer Morales nos mantiene conectados con el redescubrimiento de joyas secretas de nuestra dramaturgia. Así, el ROCK PARA UNA ABUELA VIRGEN, de Rodolfo Santana, es repotenciado con una “paranoica” puesta en escena, que busca al gran público con puntuales actuaciones. Sin olvidar, lo esencial que se esconde tras la locura y lo extrasensorial; algo en que nuestros dramaturgos son especialistas, desde César Rengifo hasta Gustavo Ott; desde Elizabeth Schön, hasta Karin Valecillos. 
7. Dos montajes de LÍRICA, de Gustavo Ott, enaltecieron la diversidad de interpretaciones que una obra maestra puede generar. El primero, fue del Taller Experimental de Teatro TET, dirigida por Guillermo Díaz Yuma; donde se desentrañan todos los contrastes psicológicos y gestuales de los personajes, donde la “poética” de la obra pasa al cuerpo y alma de las actrices: Yuricbet Navas, Oriana Chirinos y Andrea López; para dislocar muros y desarmar resistencias que sólo puede lograr el arte de la palabra. 
8. LÍRICA, del Teatro Estable de Portuguesa, va a las “antípodas” donde lo singular del tejido social de los personajes, adquiere matices plurales a través de los distintos puntos de vista de la puesta en escena de Carlos Arroyo; y donde la “crónica” audiovisual, redistribuye contenidos y formas, con mecanismos espaciales y actorales interactivos.
9. En la obra: EL HIJO DEL PRESIDENTE, Lupe Gehrembeck, entreabre nuestro circo político, a través de una mirada “aristofánica” presuntamente familiar; y crea personajes que transitan entre malabares vengativos y dan nostálgicos saltos al trapecio dislocado de la realidad. Matilda Corral, enriquece esa cosmovisión autoral, al develar verdades interiores y espejismos de las complejas humanidades expuestas en la tras escena; lo cual hace, sin la estridencia de los altavoces. Ambas creaciones, repercuten con la “música” bordada, que emiten siempre las interpretaciones histriónicas sinceras del Gimnasio de Actores.
10. URDIMBRES, con la fosforescencia de lo femenino, con la visceralidad del canto, con el vuelo a través del ritual colectivo y sobre todo con la energía vital, más de 30 féminas de nuestra escena, tomaron por asalto la Sala Anna Julia Rojas de UNEARTE; para urdir verdades que ya no son secretos a voces. Hubo sensación de vox populi creadora, de parto de poesía, de artesanía pura en palmas encontradas, sillas “metafóricas” y vientres desgarrados. Diana Peñalver, volvió al sacrificio y al sacerdocio que implica siempre la escena. De allí salieron respiros de existencia y hechizos de lo trascendental.
11. Karin Valecillos, nos trae una fábula de lo nuestro, de las dicotomías sentimentales, de los dobles pareceres, de la dualidad del amor, de la metamorfosis de pueblos chicos en infiernos grandes; todo eso, bajo el reflejo de una: LUNA DE AGUA EN POTOSÍ. Un lugar misterioso, donde caben todas las pasiones y todas las identidades. Miguel Ángel García, en un ejercicio de dirección escénica brilló con luz propia. La desnudez de lo sustancial hace apreciar todas las humanidades, que quedaron sumergidas en las profundidades del agua y la complejidad de los caracteres, se debate entre lo catastrófico y lo irreal. 
12. Un hospicio terapéutico” donde el poder de la amistad y la solidaridad hace disipar todo lo podrido que nos puede ofrecer nuestra particular: Dinamarca. LOS CUATRO DE COPENHAGUE, de la imaginativa y certera en palabras, Lolimar Suárez, Premio Bienal Apacuana de Dramaturgia, de la Compañía Nacional de Teatro 2025, es diseccionada con “bisturí de cuatro filos”, por Luis Domingo González; revelando los cantos de cisne de una tétrada conmovedora, que se debate entre la vida y la muerte. Gerardo Luongo, Luis Enrique Torres, Andersson Figueroa y César Castillo, fabulan la obra con cohesión actoral y sentido de pertenencia. 
13. ESTRELLA NEGRA, la pieza de Pablo García Gámez, dirigida por Hassane Kouyaté, con la técnica Kotebá del teatro popular africano; contada con espíritu de tribu y cantada “en blanco”; con el cuerpo y el alma de un caribe “en negro”, indómito, diagrama la controversial figura del jamaiquino Marcus Garvey. Estableciendo en el escenario las polémicas inherentes al enfrentamiento de lo individual, con lo colectivo y sobre todo las conflictivas luchas por un movimiento panafricano, a nivel mundial. La primera coproducción entre Burkina Faso/Africa y la Compañía Nacional de Teatro contó con el aporte significativo en cantos, danzas y percusión de: Julia Carolina Ojeda, Carmen Ortiz y Denis Bahamonde, respectivamente.
14. En DOÑA ROSITA LA SOLTERA, Orlando Arocha rescata con florituras de excepcional orfebre de nuestro teatro, una pieza lorquiana muy poco asumida. Dibuja en escena corolas y pétalos que se marchitan, no sin antes convertirse en joyas y hacer aparecer fantasmalmente una extraña epopeya que se oculta entre encajes románticos y cortinas de invernadero. Diana Volpe, Haydée Faverola y Daniela Alvarado, encienden siempre con brillantez una Caja de Fósforos, que desde hace más de una década constituye un indiscutible farol escénico de persistencia y creatividad; irradiando a Caracas desde la Concha Acústica de Bello Monte. Las interpretaciones actorales se manejan desde la modalidad del aria operática, hasta el pas de quatre, del ballet. 
15. El monólogo interactivo de Duncan MacMillan, que desde la sobreexposición numérica llega a desentrañar la cualidad única de lo humano, es el que Consuelo Trum, esculpió sobre el histrionismo gigante de Adolfo Nittoli; quien abrió históricamente el “Primer Festival de Creación Actoral Ludwig Pineda”. LAS COSAS EXTRAORDINARIAS, llegan a pasar y nuestra memoria las trata de fijar. Mantener en vilo al espectador desde lo que se desdobla o no, desde lo que se necesita saber o no, es la labor heroica de un Prometeo, que desde lo personal nos extiende fuegos intergeneracionales. El grupo teatral Repico, nos conmocionó con los fantasmas que están detrás de las llamas y fue así que entre el mármol memorioso y la hoguera inextinguible, nuestro teatro anunció una palestra de… cosas extraordinarias. 
16. PRESUNTOS DESCONOCIDOS, ¿puede una historia sobre el uso tiránico del celular proveniente de la cinematografía italiana, convertirse en exitosa trama teatral a nivel mundial? Así ha sucedido con este guion, de Paolo Genovese, que se ha encaramado con virtuosismo en nuestro teatro, bajo la dirección de Basilio Álvarez. El grupo Skena, con una vivacidad demoledora, verifica la conmoción de lo escénico, que sólo produce el arte del actor cuando es pujante y comprometido. 
17. Virginia Wolf, Silvia Plath y Alejandra Pizarnik, hermanadas por sus existencias atípicas, respiran de nuevo en la eternidad de su obra, en un espectáculo con dramaturgística del colombiano Carlos Satizabal; en un taller montaje, que rezuma una potencialidad inusitada. Jericó Montilla, gotea: “sangre, sudor y lágrimas”, en una nueva liturgia de la tragicidad; trazando una escritura escénica que antes de decir, hiere. Todo esto en: ELLAS Y LA MUERTE. 
18. Yoyiana Ahumada y Marisol Martínez encuentran una veta única, en: GALLEGOS: SELVA, LLANO Y PALABRA, al ubicar lo anecdótico de una vida, en un contexto de universalidad literaria, que no se esfuerza en ser dramática. La poética de lo escénico dejada por Carlos Giménez en Rajatabla, es renovada con creces y buen tino, defendida por intérpretes camaleones como: José Gregorio Martínez, Margareth Aliendres y Jesús Das Merces. Destacan también, las creatividades de: David Blanco, Altagracia Martínez y Oscar Salomón, en iluminación, vestuario y escenografía, respectivamente. 
19. ComeCandela Teatro, nunca nos sacia con su huracán de actrices que son capaces de mover cielo y tierra, para hablar de las luchas y conflictos de género. Karolains Rodríguez, quien indagó con mucha identidad y sarcasmo en el mundo explosivo de la masculinidad, en: “Machos”, de Luis Alberto Rosas, y ahora (o desde antes), ausculta con su característica lupa, agridulce, la fenomenología de la maternidad y lo matriarcal, en: ¡MADRE: PERO NO TERESA NI NACÍ EN CALCUTA! 
20-21. Cuando el teatro celebra así de esta manera, uno sí se da cuenta. El Pequeño Grupo de Caracas llega a un cuarto de siglo, con: 25 RAZONES PARA NO VER ESTA OBRA DE TEATRO y AUDICIONES PARA ESCOGER UN BUEN PUBLICO; ambas de Paul Salazar Rivas, su dramaturgo y director, artífice constante y vibrante, quien más allá del homenaje al arte escénico, más allá de diagnósticos, repercusiones y sublimaciones, más allá de lo histórico y lo actual que se entremezclan, ha sabido cincelar con Aura D Ártenay, una huella significativa en el teatro capitalino; no sólo captando nuevos talentos y audiencias, sino impregnando con espíritu de veracidad popular y con mirada tierna no carente de humor, lo paradójico y divergente de nuestra idiosincrasia. 
22. El teatro clásico español cuando se lleva a escena con el rigor escénico y la concepción espectacular de Federico Pacanins, alcanza una nobleza y un carisma incatalogable. Es el caso, de su puesta en escena de: DON JUAN TENORIO, de Zorrilla, donde: Alejandro Miguez, Marx Cipriani y Gerardo Soto, afianzan su entrega al arte del actor, en episodios distintos y subyugantes, donde la vida y la muerte se hacen uno. 
23. William Cuao, logra una ofrenda octagonal a la cuentística venezolana, con la obra teatral: SI YO TE CONTARA; donde se destaca, el compromiso exploratorio del Laboratorio de Creación Artística, de la CNT; encabezado por la inocente veteranía de Irabé Seguías y un sinfín de aderezos poderosos: como la magia, el teatro de sombras y el humor; para poder confrontar en escena violencias y desamores, quebrantos y adversidades. 
24. Marisol y Natalia Martínez, unen sus venas creativas en un experimento pleno de descubrimientos y carente de lugares comunes, para actualizar entre tablas rajadas, bambalinas deshechas y candilejas esquivas, la complejidad de uno de los grandes mitos del teatro griego. Desde el original “Hipólito”, de Eurípides, hasta la metateatralidad de Sarah Kane, pasando por la obra maestra de Jean Racine: FEDRA, ENSAYO CLÍNICO SOBRE UNA PASIÓN; responde a la necesidad de entender no sólo los entretelones de lo escénico, sino la hecatombe de la lucha feminista, en un mundo plagado de injusticias de género. Como en las grandes tragedias helénicas, siempre hay crímenes que esclarecer. Verónica Arellano asume el reto protagónico y llega a la cúspide rodeada de talentos polifacéticos y temerarios. 
25. Por último, tres obras celebraron en el 2025 una continua repercusión en nuestros escenarios, con una potencialidad ecuménica donde lo mítico y lo histórico encuentran raíces que se entrelazan: EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA, de Gabriel García Márquez, que Rajatabla repone siempre con revuelo de gallos desde 1989; en escenarios nacionales e internacionales, manteniendo el legado de Carlos Giménez. HEMBRAS, MITO Y CAFÉ, de Marguerite Yourcenar, entre otras autorías, cumplió 20 años en la escena venezolana, bajo la batuta de Jericó Montilla y Teatro Ceres; en un ejercicio sin precedentes de furia bacante; y el musical: EL HOMBRE DE LA MANCHA, que desde hace 10 años se redimensiona con la fuerza quijotesca que le imprimen: Djamil Jassir, Dora Mazzone y Luigi Sciamanna, entre otros. Los tres espectáculos en celebraciones aniversarias repotencian la tradición escénica de Caracas, como capital teatral y musical a nivel mundial. 
Aspectos biográficos 
Costa Palamides es director de teatro, actor-cantante y docente universitario en artes escénicas. En el 2025 celebró los 40 años del Teatro de Repertorio Latinoamericano TEATRELA y el Colectivo de Canto Popular AEDOS con “LOS DIOSES Y LOS ADIOSES” (Latinoamérica en mi voz), “TEORÍA Y JUEGO DEL DUENDE” de Federico García Lorca, “PEDRO INFANTE EN EL PAÍS QUE NADIE VE” de Benjamín Farías y “MIKIS THEODORAKIS-100 AÑOS” con presentaciones y clases magistrales en Caracas y Ciudad de Panamá.

martes, 6 de enero de 2026

Oswaldo Enrique Marchionda Vargas: " En Sintonía ¿Es posible una producción artística desde el pensamiento crítico?"

" En Sintonía ¿Es posible una producción artística desde el pensamiento crítico?" es la ponencia del profesor Oswaldo Marchionda en el Segundo Encuentro de Crítica de Arte en Venezuela... Evento crítico coordinado por Edgar Cruz, desde el Iartes, en la Biblioteca del Museo de Bellas Artes de Caracas, MBA. Septiembre 19 de 2025.


Re-imaginar el mundo en cada gesto, en cada palabra, en cada relación 

con el otro humano siempre que la vida así lo exija.

Suely Rolnik (2019)

La premisa de este Segundo Encuentro sobre la Crítica de Arte en Venezuela, que honra la memoria del maestro Juan Calzadilla, se sustenta en la pregunta: ¿Interpretación o validación de la obra?, con el propósito de indagar sobre la actualidad y validez de la crítica de arte en Venezuela, a partir de la interpretación crítica de su producción artística.

Para hacer una interpretación crítica de la producción artística de las prácticas escénicas de la danza es importante revisar en líneas generales cuál es la situación de la mencionada producción en la actualidad, como una manera de situar este acontecimiento y acercarnos a comprender entre otros fenómenos, la crisis o ausencia de su crítica y en ese sentido poner en perspectiva su validez y reconocer sus aportes. Para tal pretensión, existen tres elementos importantes que quisiera resaltar: en primer lugar, no es desde la “crítica de la danza” que enuncio estas elucubraciones, pues no ejerzo como critico; en segundo lugar, mi participación en un evento tan importante como este, parte del reconocimiento de la necesidad de la existencia y promoción de espacios para la crítica de arte como  aporte fundamental a la constitución del pensamiento crítico emancipador de forma situada, es decir, desde la singularidad y potencia de las prácticas culturales y artísticas; y en tercer lugar, la urgencia de que estos ámbitos de pensamiento creación se constituyan desde ejes de investigación, habitados por las realidades culturales y sus movimientos sociales, que interpelan el régimen colonial capitalista y el ejercicio de muerte que ejerce contra la humanidad. Es decir, desde los ámbitos de debate que propone el giro decolonial, los espacios que luchan contra el racismo y a favor de nuestras herencias ancestrales; los lugares dónde se estudian cosmovisiones otras sobre el cuerpo y las corporalidades, los feminismos y el mundo Queer; las migraciones, la transdisciplinariedad y el multiculturalismo; además desde los espacios que interpelen el uso de la tecnología, entre otras temáticas fundamentales, que abrazan una perspectiva contrahegemónica y cuestionadora de la visión occidental céntrica de la existencia. A partir de estos postulados, quisiera mencionar como referencia lo que en los territorios de la creación artística en Colombia se reconoce como “Artes Vivas”, noción propuesta por Rolf Abderhaden Cortés (1965), actor de teatro colombiano, director de la compañía “Mapa Teatro”, gestor y creador de la Maestría Interdisciplinar en Teatro y Artes Vivas-MITAV, de la Universidad Nacional de Colombia; la cual fue creada en 2007 como programa de postgrado inédito en Abya Yala, adscrito a la Facultad de Artes con sede en Bogotá y con proyección hacia otras instituciones académicas y artísticas a nivel nacional.

La MITAV avanza hacia la emancipación creadora que define existencialmente otras dimensiones de los territorios de creación artística inter y transdisciplinarios. Al respecto la directora artística, bailarina y profesora de la carrera de Artes Plásticas, quien recientemente fuera también directora de esta maestría, Sofía Mejía Arias, nos menciona:  

(…) la noción de artes vivas se propone como una provocación–invitación a pensar más allá de los límites entre la vida y el arte y de las disciplinas artísticas. A poner en contacto y en relación los procesos de creación, los procesos de la vida y otros campos de conocimiento (2021) 

Invitación que estudia cómo las fuerzas vitales y sus potencias, afectan y atraviesan la producción artística, provocación que incita a ubicar el cuerpo del artista en el centro de la creación; su subjetividad y cómo ésta se pone en tensión con el cuerpo social, con el cuerpo común, con el propósito de expandir los territorios disciplinares, apoyándose en la revisión de prácticas artísticas contemporáneas “in-disciplinadas”, como ámbito de acción propio de las “artes vivas” que problematiza las búsquedas, la preguntas y los desafíos para la creación en una dimensión existencial, ética, estética y política. Este desafío soberano para la creación, propicia diálogos para su propio despliegue con el campo de las ciencias humanas y sociales, estudios culturales, la teoría Queer, el pensamiento decolonial, los feminismos, entre otros, en tanto qué insiste, parafraseando a Sofía Mejía: “...en la búsqueda y proposición de nuevos modos de producción diferentes a los de la instrumentalización, la homogeneización y la formalización. Unos modos de producción abiertos, siempre en estado de potencia, ocupados en una producción “sin finalidad”, que escapan a la lógica de la producción neoliberal-capitalista”. 

Desde esa perspectiva de descolonización de la acción y el pensamiento, la MITAV “in-corpora” para sí una serie de categorías, para “bien decir” las complejidades y paradojas de estas singulares realidades y sus tecnologías. Una de ellas, es la noción de “Gesto”, la cual interpela y desplaza la idea moderna de “la obra”; entendida como acción, actuación, coreografía, objeto de arte acabado, sólido y estable. El gesto es concebido como un intervalo, como un espacio de mediación, una medialidad sin fin que no aspira a su completitud. El gesto es enunciado en vez de “la obra”, para referir a las producciones de arte interdisciplinarias y transdisciplinarias (Abderhalden y Urrea, 2020). A partir de lo cual, el gesto es tomado como una fisicalidad de lo común que excede el ámbito del teatro, la danza y las prácticas escénicas en general, y de una cierta expresividad psicológica del intérprete-creador, es decir que va más allá de una movilidad física expresiva contenida y posible de ser percibida en la interrupción del movimiento. Es una meditación que propicia la reconfiguración de nociones procedimentales como “el montaje”, entendido en tanto múltiples maneras de composición y estructuración que implica la creación, como una forma continuamente abierta, solo por disponer de un ejemplo. Para la filósofa e improvisadora argentina Marie Bardet (2019), los gestos son modos de relación más que meras formas corporales, estilo para usar de cierto modo una técnica; realmente se componen de un cuerpo junto a un espíritu. Es decir que un gesto, una posición del cuerpo, no tiene sentido realmente si no está asociada a una situación determinada, a un medio ambiente concreto, a un contexto con el que se relaciona, lo que nos invita también a entender que nuestros gestos poseen una antigüedad que nos rebasa.

La otra es la noción de “Huella” (o “huella escritural” para ser exactos),  referida concretamente a los libros, las tesis y demás objetos que pretende dejar una constancia o vestigio de las experiencias más efímeras asociadas a los procesos de creación. La MITAV propone desarrollar un tipo de escritura que proviene de los flujos asociados al cuerpo. Una escritura-rastro entendida como una exhalación que dialoga con el gesto del artista y se aleja de cualquier interés justificativo o explicativo. Un tipo de escritura que desborda la rectangularidad de los marcos estandarizados de la escritura convencional y académica (sin despreciarlas en tanto parte de ella), que asume su materialidad aprovechando su condición espacio-temporal, con la pretensión de avanzar su propio camino más allá del gesto. Con estás referencias quisiera recuperar la idea de que los procesos de descolonización de la existencia son tarea de carácter cotidiano; son un ejercicio constante y la experiencia descrita es muestra de ello, en tanto que implica un modo de existir más allá del discurso, lo que nos impone grandes desafíos. La producción desde otros lugares de enunciación de posibilidades distintas de percepción de las realidades. En este caso, la pregunta sobre la noción moderna de “la obra”, interpela la pregunta motivadora de un evento como este.

Por otra parte, es necesario situar la producción artística en nuestro contexto, lo que nos invita a revisar críticamente la participación del estado (entre otros actores), en dicha producción, es decir, la revisión de las políticas públicas. En este sentido, la revisión crítica de las políticas culturales del estado (que avanza a su condición de “comunal”), es una tarea urgente sí intentamos acercarnos a una perspectiva decolonial de construcción de sentido, es decir, brindar aportes a la constitución de subjetividades que avancen más allá de la racionalidad moderna occidental céntrica, hegemónica, con propósitos políticos concretos como la defensa de la soberanía. En este sentido, es urgente el diálogo entre (poner en contacto y relación) la producción intelectual académica de pensamiento y el desarrollo de las políticas culturales de carácter público, más allá de nuestra vida sujeta a la constante contingencia, como resultado de asumirnos como pueblo soberano y autodeterminado respecto al sistema-mundo occidental moderno, capitalista y sus consecuencias; desde las sanciones unilaterales hasta el asedio militar frente a nuestras costas en el mar Caribe.

En el caso concreto de la práctica escénica de la danza, además de los estudios universitarios que se concretan en la Universidad Nacional Experimental de las Artes-UNEARTE, la política pública emanada desde el Ministerio del Poder Popular para la Cultura se concreta en la Fundación Compañía Nacional de Danza. Entiendo que por factores de carácter económico, su accionar en los últimos años se ha reducido a garantizar los compromisos de nómina del estamento administrativo que sostiene la institución; además de dos elencos: uno de danza contemporánea y otro de: danza “escénica basada en los hechos tradicionales”, modernamente denominada “danza o elenco tradicional”.

¿Qué ha sucedido con las políticas de estímulo a la creación para las prácticas escénicas de la danza y el movimiento?

En un país con una larga tradición dónde el estado ha asumido la promoción, apoyo y estímulo a la creación, la disminución, o desaparición, de está necesaria política de incentivo afecta directamente a la producción artística. No es que las prácticas artísticas de la danza y el movimiento escénico hayan desaparecido, por el contrario la pulsión de este país asediado por el imperio estadounidense, se concreta en el baile. En UNEARTE el PNF con mayor demanda de estudiantes por periodo académico, después de Artes Audiovisuales es el de danza, dato que nos refiere de la necesidad de la población joven de profesionalizarse en el estudio de esta práctica. Por otra parte, la ausencia de políticas que atiendan a las agrupaciones y los artistas de la danza escénica ha impulsado a que estos sujetos se sostengan con el desarrollo de las prácticas somáticas orientadas hacia la salud física y mental de las personas. Realidad que también podría estar sostenida por una política pública.

La propia crisis y las dificultades que entraña la producción artística ha propiciado la constitución de nuevos sujetos de creación como los denominados “Artistas Gestores”, sobre todo en la producción de la danza, donde los creadores escénicos por la vía de los hechos, asumen no sólo las responsabilidades en el campo de la creación y la interpretación, sino también la gestión y producción de sus proyectos; incluso la producción de pensamiento que gira en torno a dichos procesos. Acontecimiento que más allá de la sobrecarga de atribuciones concentradas que esto implica, también interpela la tecnificación disciplinar moderna, pues por la vía de la necesidad constituyen un sujeto creador integral.

Actualmente no existe una plataforma oficial de exposición de la creación escénica de la danza; es decir, la danza no cuenta con un Festival (“oficial”) a través del cual no solamente se muestre al público los resultados de su producción artística, sino que reduce la posibilidad de diálogo e intercambio que promueve el crecimiento de los artistas y del sector.  Para las agrupaciones y artistas “independientes” es insostenible la producción de temporadas en teatros convencionales por los costos de producción que estos implican: pago de alquileres de salas y dotación de equipos de iluminación y sonido, solo por nombrar algunos. La ausencia de espacio de exposición de la producción artística, es proporcional a la ausencia de espacio para el ejercicio crítico de dicha producción. Esta acotada revisión no pretende reducir la problemática al tema presupuestario pero, sí entendemos el hecho cultural como procesos que dan sentido a la existencia: ¿No son prioridad la inversión institucional en la construcción de sentido simbólico contrahegemónico?Actualmente contamos con diversos espacios dedicados a la promoción del pensamiento crítico en clave decolonial, entre otras; en los cuales, la revisión de la producción de sentido y las batallas por la construcción simbólica al servicio de “mundos posibles”, son una tarea urgente; y en los cuales, la revisión de la gestión y políticas culturales de carácter público deberían estar en el debate y construcción de alternativas políticas de la producción simbólica, a través de las prácticas artísticas en general y la danza escénica en particular; estrategia que considero vital, en tiempos dónde es necesario defender la soberanía a toda costa.

La cuestión está en poner en contacto, poner en relación.

Entiendo que la crisis de la crítica del arte en Venezuela, asociada no solamente a la producción intelectual y la teoría del arte, sino también al ejercicio periodístico y la comunicación social en general, son presa (también) del invasivo desarrollo tecnológico y los cambios en las lógicas (y las éticas) comunicacionales que en el ámbito digital se ejercen. El impacto que tienen la inmediatez sin contenido y la instantaneidad sin profundidad de las dinámicas de “las redes”, en la relación entre  producción artística y ejercicio crítico, son fenómenos que precisan atención y estudio. También es importante considerar que el ejercicio comunicacional y crítico, vía los dispositivos tecnológicos, no escapa del contexto político, en tal sentido hay que observar cómo la polarización generalizada ha generado, lamentablemente, más que el debate de las ideas, mucha propaganda (“noticias falsas” como dispositivo naturalizado) que termina instalando la desinformación como norma.

Es importante mencionar que la referencia a la Maestría Interdisciplinar de Teatro y Artes Vivas, es una respuesta política de los artistas colombianos a la política de muerte a la que han sido sometidos durante el interminable periodo denominado “la violencia”. Lo que surge como referente nuestroamericano de cómo el pensamiento crítico es un medio no sólo para la producción artística sino para la producción de políticas culturales, con horizonte decoloniales y emancipadores. Para nosotros, los artistas, el sostén de la vida debería constituirse en el propósito fundamental en tiempos donde el hegemón en su decadencia, se esfuerza desesperadamente por hacernos desaparecer.

El Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe Rómulo Gallegos, la Universidad Nacional Experimental de las Artes, UNEARTE; el Centro para la descolonización Luis Antonio Bigott, por nombrar solo algunos, son extraordinarios escenarios para el pensamiento-creación de modelos de gestión económica que fortalezcan y sostengan la producción intelectual que acompañe los procesos de creación artística y la crítica que de ellos se deviene. Es fundamental ponernos en relación e insistir en la consolidación de los espacios de encuentro y diálogos que propicien proyectos conjuntos y vinculantes. Aportar con la constitución de nuevas perspectivas de investigación a las líneas de investigación ya existentes en estos territorios y la consolidación de otros espacios para el debate crítico, basados en esta crisis en lo particular, como contexto que potencie el ejercicio crítico como campo para el pensamiento y la creación. Todo esto sumado a la consideración de la gestión de los recursos de todo tipo que permitan su sustento.

Sobre la pregunta que encabeza mi intervención: ¿Es posible una producción artística desde el pensamiento crítico?; por supuesto que es posible, sobre todo frente a los desafíos presentes en nuestro horizonte. La producción artística de la danza escénica se constituye en un territorio de construcción de sentido simbólico extraordinario, en un pueblo joven y danzante. Interpelar críticamente el accionar del estado a través de su política cultural es primordial en la tarea de avanzar más allá del espectáculo y folklorización (en su condición moderna del término) de esta construcción de sentido de carácter simbólico. El desafío inicial, paradójicamente es simple, pero muy complejo. La cuestión es buscar la sintonía: ponernos en contacto, ponernos en relación.


Referencias.

-Abderhalden, Rolf y Adriana Urrea (2020) . Políticas y Eróticas de los Modos de Producción de las artes vivas. Ver: http://artes.bogota.unal.edu.co/programas-academicos/posgrado/maestria/teatro-artes-vivas/produccion.

-Haudricourt, Andre y Marie Bardet (2019) El cultivo de los gestos / Hacer mundos con gestos. Compilado por Marie Bardet. Cactus, pequeña biblioteca sensible. 1era edición. Buenos Aires, Argentina.

-Marchionda, Oswaldo (2024) Bailando pegao con el sujeto: El intérprete-creador como sujeto de la danza. Tesis doctoral. Programa de Formación Avanzada-PNFA “Artes y Culturas del Sur. Universidad Nacional de las Artes-UNEARTE. Caracas, Venezuela.

-Mejia Arias, Sofía (2021) Apuntes sobre la noción de Pensamiento – creación en el marco de la Maestría Interdisciplinar en Teatro y Artes Vivas de la Universidad Nacional de Colombia. Conferencia virtual, 29 de noviembre de 2021. Ver: https://www.youtube.com/channel/UCqVPhMR1VXkGZ4GjKGMc2GA

-Rolnik, Suely (2019) Esferas de la insurrección: Apuntes para descolonizar el inconsciente. Tinta Limón ediciones. Buenos Aires, Argentina.



 Síntesis Curricular.

Oswaldo Enrique Marchionda Vargas. Artista escénico, investigador, docente y gestor cultural. Intérprete-creador de movilidades en prácticas contemporáneas. Antropólogo de la Universidad Central de Venezuela con postgrado en Gestión Cultural y Cooperación Internacional de la Universidad de Barcelona, España. Doctor en Artes y Culturas del Sur de la Universidad Nacional Experimental de las Artes - UNEARTE, de la cual también es Maestro Honorario. Decano del Centro de Creación Artística Aquiles Nazoa de UNEARTE. El ritual y la improvisación son los territorios de su pensamiento-creación. Fundador de la compañía de danza contemporánea “Agente Libre” (1999). Realizó estudios de danzas tradicionales y populares. Es egresado del Instituto Superior de Danza de Caracas. Como intérprete ha integrado las compañías de danza Espacio Alterno, Sarta de Cuentas, Caracas Roja Laboratorio, Mudanza y Agente Libre.Estudios sobre la danza, el cuerpo, las culturas tradicionales y populares, además de temas como la gestión cultural, metodologías y sistematización de prácticas artísticas contemporáneas, estudios universitarios en artes escénicas y el trabajo con redes y comunidades organizadas, son áreas donde ha desarrollado su trabajo. Merecedor de la Orden al Mérito al Trabajo (2009) en su primera clase por su contribución al desarrollo cultural de Venezuela y Maestro Honorario de UNEARTE (2020) por su trayectoria como docente, creador, intelectual y vinculador social de esta casa de estudios. Profesor asociado de pregrado y postgrado en UNEARTE. Fue subdirector académico del Instituto Universitario de Danza y asesor de investigación del Centro Nacional de Teatro. Fue miembro del Grupo de Gestión de la Red Sudamericana de Danza. Coordinó la compañía Teresa Danza Contemporánea, proyecto de la Fundación Teatro Teresa Carreño. Es escritor y articulista de temas académicos, artísticos y culturales. Actualmente dirige la unidad de investigación de  “Cuerpos y corporalidades en movimiento” del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe Rómulo Gallegos - CELARG, es miembro de la Fundación Cultural 100% San Agustín, colectivo de trabajo comunitario en pro de la gobernanza local desde las prácticas culturales y Programador del Centro Cultural Parque Central de Caracas. 

Correo: metodologiadanza@gmail.com

lunes, 5 de enero de 2026

Aura Marina Orta: "Repensando la crítica del arte y su rol cultural: desafíos en la formación artística"

 

Ponencia de la profesora doctora Aura Marina Orta ortaa2020@gmail.com: "Repensando la crítica del arte y su rol cultural: desafíos en la formación artística". Segundo Encuentro de Crítica de Arte en Venezuela ¿Validación o Interpretación? (In Memoriam del maestro Juan Calzadilla); evento organizado por Edgar Cruz desde Iartes, en la sede de la Biblioteca del Museo de Bellas Artes de Caracas, MBA. Caracas, septiembre 17 de 2025.


 

Resumen.

El presente artículo es una aproximación reflexiva a la caracterización del crítico de arte en la contemporaneidad y los componentes de aprendizaje fundamentales en la formación universitaria vinculada a las disciplinas artísticas que pueden configurar el rol mediador entre el espectador y la obra de arte. Entendiendo la responsabilidad que implica esta mediación, se enfatiza en los estudios históricos, estéticos y la práctica artística como los insumos fundamentales que permitirán el ejercicio constructivo de esta práctica y fortalecer la comprensión y participación crítica y constructiva en la cultura visual actual.

Palabras claves: crítico de arte, formación universitaria, disciplinas artísticas, cultura visual. 

Introducción

El arte -como acción y hecho simbólico- es portador de significados que pueden ser múltiples, ambiguos, contradictorios. El espectador, en una relación dialógica con la obra artística -donde se activan sensaciones, relaciones, recuerdos, ideas- realiza un ejercicio interpretativo para dar sentido a lo que percibe. Es decir, en cada espectador una obra suscita experiencias, conocimientos y emociones y esto promueve en mayor o menor proporción su interés en la misma.

En otros casos la interpretación que hace el espectador de la obra es mediada por quien ya la ha decodificado y proporciona elementos para “canalizar” el encuentro con la obra y centrar la atención en los aspectos que artísticamente se consideran relevantes.  En este sentido, se reconoce la crítica de arte –sea en la figura del historiador del arte, del curador, del docente o del propio artista- como el resultado de una experiencia o un conocimiento previo más detallado de los sentidos, significados y valores de la obra, puestos al servicio de la experiencia del espectador.

Aun cuando en muchas oportunidades se ha cuestionado la mediación del crítico, debido especialmente porque históricamente ha sido vehículo para excluir creaciones no coincidentes con cánones instalados, o en otros casos porque la crítica de arte se convirtió en un ejercicio filosófico o literario alejado de la obra misma, es importante reconocer los aportes de una crítica de arte reflexiva, por no decir una “crítica crítica” para garantizar que el arte propicie aproximaciones sociales, conexiones culturales y miradas constructivas respecto al presente y el pasado. 

Este reconocimiento de la contribución de la crítica de arte, en esta oportunidad, la contextualizamos en las artes visuales donde parece tener más pertinencia respecto a la crítica literaria, si consideramos el planteamiento de Nelson Goodman, cuando señala que “…mientras la mayoría de las personas que utilizan una biblioteca sabe leer, la mayoría de los que visitan un museo no sabe cómo hay que ver” (Goodman, N. p. 267).

Si bien reconocemos el rol social y cultural del crítico de arte, es necesaria la reflexión de esta práctica y su relación con la educación especializada en arte, a partir de algunas interrogantes: ¿Cómo la formación profesional en las áreas de artes visuales facilita competencias para el ejercicio de la crítica de arte?, ¿Cuáles son los aspectos estéticos y éticos que debe privilegiar la crítica de arte como práctica constructiva y mediadora culturalmente? y ¿De qué modo la crítica de arte puede focalizar y divulgar las creaciones que propician nuevas conexiones culturales?

La crítica de arte como agente decodificador de la cultura visual

Comprender una obra de arte representa decodificar los signos que la estructuran; esta tarea puede ser satisfactoria o no en función de la implicación del espectador con la obra o de la información que posea del contexto de la misma, así como de la “literalidad” de la obra respecto a su temática o sus elementos constituyentes que pueden resultar más o menos conocidos o más o menos herméticos.

Es importante tener en cuenta que decodificar o no la obra que se tiene ante sí no es garantía para que surja una experiencia estética en el espectador; es decir, el disfrute o goce frente a una obra puede darse eventualmente sin la comprensión de los significados o sentidos que ésta implica. Reconocemos lo complejo que puede ser abordar lo concerniente a la experiencia estética, ya que no hay muchos acuerdos respecto a su definición clara (véase el capítulo undécimo de Historia de seis ideas de Tatarkiewiccz) podemos acordar que se trata de un vínculo (emotivo en la mayoría de los casos)  que se establece en la esfera de la percepción entre el espectador y una obra determinada, lo que lo induce a contemplarla; a reparar en ella y fijar el encuentro como una experiencia significativa.

En síntesis, no podemos soslayar que es importante la valoración de las manifestaciones artísticas como autoexpresión creativa, que van de la mano con la posibilidad para el espectador de conectarse autónomamente de modo sensorial y perceptualmente, sin recurrir a referentes teóricos que puedan proporcionar guías, curadores, artistas, docentes; sobre todo reconociendo el libre acceso y el poder seductor de la imagen contemporánea; esta experiencia sigue representando un potencial y atractivo clave de las expresiones artísticas. Sin embargo, es innegable que el gran flujo e intercambio de imágenes gestadas en distintos contextos socio-geográficos y compartidas globalmente puede hacer indescifrable sus significaciones, con lo que el crítico de arte deviene en un importante “mediador cultural”.

Al considerar la decodificación de la obra como un paso que no siempre garantiza la experiencia estética se puede interpretar entonces como excedente la atención puesta a su comprensión; sin embargo, como seres senti-pensantes, la interacción espectador-obra genera relaciones reflexivas a partir de las posibles narraciones que contenga y que es posible que no sean obvias. En este sentido, el crítico puede hacer un acompañamiento clave para propiciar un intercambio espectador-obra, constructivo, de manera que éste asuma la interpelación, la provocación o la convocatoria que le hace la obra, para generar nuevas y múltiples conexiones sensitivas, perceptuales y sociales. Entendemos estas nuevas conexiones sociales en el sentido como las concibe Bourriaud (2006) al destacar el poder que tiene el arte para propiciar “intersticios” o espacios sociales y simbólicos que trascienden el mercantilismo, el consumo y la banalidad.   

La crítica de arte se justifica en la medida que pueda proporcionar herramientas para la decodificación de las expresiones artísticas trascendiendo el análisis formal, material o técnico, especialmente debido a que el rol y la atención del crítico de arte ahora se expande más allá de las obras de arte que ya han recibido esa categorización y que se encuentran en los espacios de reconocimiento en el campo del arte; es evidente, la omnipresencia de la imagen en todos los sitios y contenidos disponibles en la web, las imágenes y fotografías que se presentan e intercambian a través de las redes sociales, el cada vez más creciente consumo de dispositivos tecnológicos con capacidades y posibilidades para la producción, manipulación e intercambio de imágenes. Esta condición social actual implica un rango masivo de impacto de las imágenes o producciones visuales cuya categorización de “arte” puede ser imprecisa, pero que captura la atención y ejerce grandes influencias sociales.

Si se asume una visión simplificadora, esta omnipresencia de la imagen como condición contemporánea, pudiera ser considerada como una dimensión cultural positiva, dada la participación masiva (casi sin exclusión, excepto las que imponen la diversidad de capacidades) “o democrática” de la sociedad en el fenómeno visual. Sin embargo, la poderosa influencia que ejercen las representaciones visuales se convierte en muchos casos en situaciones problemáticas, si estas representaciones no son asumidas de modo consciente y crítico.

Ranciere (2013) a partir de la lectura Debord destaca la importancia de reconocer “las trampas” de la sociedad del espectáculo similares a las que experimentan los prisioneros atados de la caverna platónica donde realidad e ilusión se perciben invertidamente. De aquí la importancia de reconocer la lógica de las representaciones visuales; “Conocer la ley del espectáculo equivale a conocer la manera en que éste reproduce indefinidamente la falsificación que es idéntica a su realidad.” (p. 48).  

Desde la perspectiva educativa, Freedman (2006) destaca la importancia que tiene para los y las jóvenes el desarrollo de habilidades interpretativas o las posibilidades de dar significados a las formas. Estas habilidades interpretativas son presentadas por Freedman en distintos niveles:

Las habilidades interpretativas de bajo nivel incluyen el discernimiento de un mensaje simple, deseado, de una representación simbólica, o la personalización de una situación que vemos representada. Las habilidades de alto nivel incluyen: (1) desenterrar supuestos subyacentes; (2) formar múltiples asociaciones posibles; y (3) llevar a cabo una reflexión crítica y consciente. (Freedman, K. 2006 p. 122-123)

Es decir, las representaciones visuales que llegan más poderosamente y cuya interpretación corresponden al más bajo nivel son aquellas que presentan un mensaje explícito y en su mayoría están dirigidas a incitar al consumo. Muchas de las representaciones visuales son generadoras de estereotipos de vida, centrados gran parte de ellos en la incitación al consumo desmedido, la exaltación del cuerpo y las apariencias y, en consecuencia, la negación de valores como la igualdad, espiritualidad y solidaridad, entre otros. En este sentido, la mediación formativa, la crítica, al develar los códigos y referencias de las imágenes, puede cumplir una misión liberadora.

La formación para el ejercicio de la crítica debe centrarse en el desarrollo de esas habilidades de alto nivel, para así mediar entre obra y espectador y contribuir con las posibilidades de acceso y apreciación de representaciones que trasciendan las propias del consumo o la mercancía. 

Prácticas formativas para el ejercicio constructivo de la crítica del arte

Por todo lo anterior, hemos atribuido importantes responsabilidades culturales a la práctica de la crítica de arte; ¿pero de dónde obtienen quiénes se forman en las áreas del arte y la comunicación visual los insumos para abordar la infinita producción de la cultura visual? o dicho de otro modo: ¿Cuáles son los contenidos que tributan a las competencias del especialista en arte para ejercer la crítica artística?

La consideración disciplinar de la formación artística orienta a reconocer que el arte como cuerpo de conocimiento debe estructurarse fundamentalmente con base en las áreas de historia del arte, la estética, así como la práctica de taller (Gardner, 1994)

El área de la historia del arte proporciona conocimientos para la reflexión acerca de las tradiciones artísticas y las relaciones con el contexto donde se producen; los procesos de gestación y consolidación de movimientos, tendencias y prácticas. En este sentido, el área de historia del arte contribuye a la reproducción de tradiciones artísticas reafirmando las identidades sociales y las herencias culturales.

El área de la estética o teoría del arte implica pensar el arte, categorizar, debatir acerca de la naturaleza del arte y las distintas concepciones (antropológicas, filosóficas, sociológicas, entre otras) que lo justifican las continuidades y discontinuidades de las producciones artísticas. 

El área de taller artístico orienta al estudiante en la práctica de actividades artísticas; se trata de su implicación en los distintos momentos del proceso creativo y resolutivo de una obra. Esta práctica debe generar una dialéctica entre la reproducción de las tradiciones artísticas y la emergencia de nuevas respuestas en obras que interpelen la misma tradición. 

Así, la historia del arte, la estética y la práctica de taller configuran los elementos clave para el ejercicio de la crítica de arte. La decodificación y la reproducción de determinadas manifestaciones artísticas sólo es posible a partir del conocimiento de los componentes culturales que le sirven de contexto. Además, corresponde al campo de la estética también la reflexión acerca del status de “obra de arte” de un objeto particular, lo que conlleva también a preguntar quién decidió este status.

Competencias para el ejercicio de la crítica de arte

Consideremos ahora algunos aspectos clave que deben transversalizar las tres áreas de la formación de la disciplina artística como prácticas recurrentes para fortalecer las competencias críticas de quien se forma en el campo de las artes visuales:

1.    Observación contextualizada: reconocer que la observación se realiza desde un contexto particular o perspectiva específica (contexto de visualización), que puede coincidir (geográfica, temporal o ideológicamente) o no, con el del creador (contexto de producción). En este aspecto resulta importante reconocer cuáles son los elementos que identificamos claramente y cuáles resultan ambiguos o confusos.

2.    Indagación contextual: explorar el contexto de producción de la obra y las circunstancias particulares del creador. ¿Qué datos biográficos del autor destacan desde el punto de vista social, étnico, geográfico o ideológico? ¿Cómo se reflejan esos datos en la obra? ¿Qué vínculos existen entre esta obra y otras del mismo o de otro contexto? 

3.  Confrontación de interpretaciones: reconocer que una misma obra puede suscitar significados múltiples, incluso opuestos. En este sentido, resulta necesario el intercambio de interpretaciones en torno a los supuestos estéticos se infieren y las posturas culturales que se manifiestan.

4.     Consensos sociales: valorar la confluencia de distintas miradas y asociaciones en torno a una obra, entendiendo la crítica como diálogo y posibilidad de transferencia a la realidad o actualidad. ¿A qué convoca la obra? ¿En quiénes y por qué puede hacer resonancia? ¿Cuáles son los valores que inferimos como implícitos en la obra?

Aun cuando estas prácticas están vinculadas con los modelos tradicionales de análisis artístico, aquí se propone hacer énfasis en la construcción social de los significados; es decir, el desarrollo de cada uno de estos momentos desde la participación y el intercambio social; la interacción social, la mirada del otro para cuestionar certezas presupuestas y dar forma y nuevos significados a la realidad.

La consideración de estos aspectos propuestos como centrales de las áreas del conocimiento artístico y la comunicación visual puede ser clave no sólo para el disfrute de las creaciones artísticas, sino para acceder también a los posibles significados de las creaciones y su relación con las realidades.

 A modo de cierre para abrir el debate: criterios para la crítica

La crítica de arte requiere considerar los elementos sociales y culturales que puedan aportar elementos para la comprensión del arte, debido a que un análisis formal centrado sólo en los aspectos plásticos de una obra contemporánea genera incertidumbre acerca de sus valores y no proporciona las razones por las que la misma forma parte del universo artístico.

Es por esto que la decisión acerca de cuáles creaciones presentar, valorar o divulgar también es una decisión importante en el desarrollo de la crítica artística; el crítico deberá revisar los criterios de su selección, ante el amplio espectro de producción visual existente. En este sentido, a propósito del debate siempre abierto acerca del camino de la educación en América Latina y el Caribe y tomando como inspiración la reflexión de Maldonado (2025) y su propuesta de “un nuevo contrato social para la educación” haré una versión libre de algunos criterios a tener en cuenta para el ejercicio responsable del crítico de arte y su rol como mediador; es decir, las decisiones acerca de las expresiones que validará y divulgará deben atender a aquellas expresiones que:

1.    Propicien vínculos entre comunidades y personas.

2.    Generen la reflexión y crítica de nuestras relaciones con la naturaleza.

3.    Evidencien la diversidad como un bien social. 

4.    Den respuestas y/o alternativas a la vida centrada en el consumo.

5.    Estimulen el conocimiento de la historia del arte.

6.    Interpelen acerca de las identidades.

7.    Reten nuestra percepción y sensibilidad. 

8.    Exalten la vida.

            En síntesis; parafraseando a John Holloway quien dijo que “Si el marxismo no tiene que ver con el latido del corazón no es nada”; así podemos considerar que:  Si el arte no tiene que ver con el latido del corazón no es nada.


Referencias

Bourriaud, N. (2006). Estética Relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora.

Dinerstein, A. (2018). La teoría de la revolución intersticial de John Holloway. Constelaciones Revista de Teoría Crítica. N° 10. https://constelaciones-rtc.net/article/download/3139/pdf/11689

Freedman K. (2006). Enseñar la cultura visual. Barcelona: Ediciones Octaedro, S.L.

Gardner, H. (1994) Educación Artística y Desarrollo Humano. Barcelona: Editorial Paidós. S.A.

Goodman, N. (1984). De la mente y otras materias. Madrid: Visor.

Maffesoli M. (2007). En el crisol de las apariencias. Para una ética de la estética. Madrid: Siglo XXI Editores, S.A.

Maldonado, H. (2025). Hacia un nuevo contrato social en educación. Simbiosis Revista de Educación y Psicología. Vol. 5 Núm. 9, p. 206-211.

https://revistasimbiosis.org/index.php/simbiosis/article/view/180

Rancière, J. (2013). El espectador emancipado. Buenos Aires: Manantial. https://archive.org/details/ranciere-jacques.-el-espectador-emancipado-ocr-2008/page/n3/mode/2up

Tatarkiewicz, W. (2002). Historia de seis ideas. Madrid: Editorial Tecnos.



SÍNTESIS CURRICULAR

Personal docente ordinario jubilada, adscrita al Departamento de Arte. UPEL. IPC.

Categoría: Asociado.

Correo electrónico: ortaa2020@gmail.com   

TÍTULOS OBTENIDOS  

Doctora en Educación Artística. Universidad de Sevilla, España. 2010.

Magíster en Arte, mención Estética. UPEL- IPC. 1997.

Profesora de Artes Plásticas. IPC- UPEL. 1984.

OTROS ESTUDIOS NO CONDUCENTES A TÍTULO vinculados al área

Estudios de Pregrado en Filosofía. UCV. 1985-1990.

Cursos aprobados del Doctorado en Cultura y arte para América Latina y el caribe (Pensamiento latinoamericano. Investigación Cualitativa. Historia local y regional). UPEL-IPC. 2008-2009.

ACTIVIDADES PROFESIONALES DESARROLLADAS

Vicerrectora Académica Universidad Audiovisual de Venezuela.

Docente de los Doctorados en Ciencias de la Educación y Patrimonio Cultural. Universidad Latinoamericana y del Caribe.

Docente de Pregrado en Metodología de la Investigación. Universidad Audiovisual de Venezuela.

Personal docente ordinario (Jubilada 2015). Departamento de Arte UPEL- IPC. Coordinadora del Doctorado en Cultura y Arte para América Latina y el Caribe UPEL- IPC. 2012-2015.

Coordinadora de la Maestría en Arte, mención Estética UPEL- IPC. 2009-2012. 

Jefa de la Unidad de Publicaciones. UPEL- IPC. 2006-2009.

Coordinadora del Programa de Artes Plásticas UPEL- IPC. 2003-2006.

Jefa de la Cátedra de Expresión Plástica, Coordinadora. 

Docente en cursos de pregrado y postgrado de Estética, Cultura y Arte, Metodología de la Educación, entre otros. UPEL- IPC. 1992-Actual.

Participación como Jurado en Trabajos de ascenso, Trabajos de Grado, Tesis Doctorales y Concursos de Oposición. (Actual) 

Tutora de Trabajos de Grado y Tesis en el nivel de Post grado. (Actual)

Participación como ponente en eventos educativos nacionales e internacionales. Participación como artista plástico en eventos artísticos nacionales. 

PUBLICACIONES 

2009. Artículo: Reflexiones en torno al espacio en las artes visuales http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1010-29142010000100008

2012. Coautora de Libros de Educación Artística y Recorriendo el arte de la Colección Bicentenario. Ministerio del Poder Popular para la Educación, Venezuela. 

2022. Artículo: Prácticas estéticas y decolonialidad  https://revistasimbiosis.org/index.php/simbiosis/article/view/23 




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