domingo, 10 de mayo de 2026

Félix Hernández: "Por un modelo para el desarrollo actual de los salones de arte en Venezuela", 1 de mayo 2026

                                                                                                                                                                      
                                                                                                                              


                                                 “El arte contemporáneo es la red institucionalizada a través de la
                                                  cual el arte de hoy se presenta ante sí y ante los distintos
 públicos del mundo.”
 Terry Smith
                                      
                                                                    

                                                 “Si el arte ha llegado a ser una mercancía más dentro del 
                                                    mercado global, si la preocupación fundamental de los artistas es la 
                                                   promoción de sus propias carreras y si el éxito de tal o cual 
                                                   exhibición se mide por la cantidad de publicidad que genera
                                                  ¿qué nos dice esto acerca del papel reservado para las artes 
                                                  visuales en nuestra cultura?” 
                                                                                  Peter Timms
 

 En términos históricos, los salones de arte funcionan como complejos engranajes institucionales que responden a la ecuación: mercadeo, productividad y consumo debido, entre otros aspectos, al hecho de que ellos permiten definir jerarquías, presentar el arte, inventariar su estado actual y comprender qué hace del arte arte. Comúnmente establecidos como espacios de exhibición, confrontación, encuentro, promoción y debate artístico ofrecen, por lo general, un panorama del quehacer plástico-visual, una forma de palpar el estado de la cuestión creativa y un modo de legitimación de sus nuevos logros, apoyado por el juicio crítico y por la aceptación del público interesado. Además, ellos fomentan el acervo patrimonial y abren la posibilidad a ciertas obras de formar parte de una colección prestigiosa. Por ello, lo seleccionado y premiado tiene un impacto significativo en la trayectoria de los artistas, puesto que redunda en notoriedad, reconocimiento, distinción y prestigio profesional. También, el estímulo económico de los premios que consagran, tiene sus consecuencias al afectar positivamente en el ecosistema artístico (instituciones y agentes del medio), promueve la profesionalización de los creadores, los visibiliza en los medios y redes y hasta en la historia misma de las artes plásticas de la nación; todo lo cual coadyuva como plataforma para la proyección internacional. Un salón nacional es entonces, por ende, un espacio oficial, monumentalista y sacralizador; características estas que en su evolución narra acerca de una tradición e historia que se viene construyendo sobre estos eventos y su repercusión en la definición del concepto de arte, de la obra de arte y la condición social de los artistas. En este sentido, el I Salón de Arte Elsa Morales es un espacio de confrontación que apenas acaba de nacer y por ello debe, como institución si se quiere, legitimarse a sí mismo, constituirse, por así decirlo, en un referente. De manera que probar, entre otros aspectos, que es capaz de asumirse como termómetro del acontecer plástico nacional y de ubicarse a la altura del Salón Nacional de Artes Plásticas que operó con interrupción en Venezuela desde 1940 hasta 1969, considerándosele entre los más importantes espacios de consagración en el siglo XX, obliga a sus organizadores a retomar este ejemplo pero, sobre todo, a revisar la historia de los salones de arte en Venezuela y propiciar así su evolución en aras del juicio crítico. En función de lo expresado, las ideas presentadas aquí pueden apoyar a los creadores de este joven salón y a la institución que lo rige, para encarar el necesario rigor, la sistematicidad y la búsqueda de excelencia que esperan todos los miembros del “mundo del arte”. Para empezar, es importante aclarar que el tareísmo, la voluntad de hacer y la contingente operatividad institucional no deben constituirse en el fundamento o motivo que hace necesario o factible la realización de los salones de arte. Del mismo modo, es insuficiente que ellos respondan a momentos políticos, modas o cambios en el circuito de mercadeo, producción, distribución y consumo del arte nacional. Tampoco deben ser vistos como un hecho coyuntural que permita sacudir la escena artística. Es evidente en este sentido que, la revisión de lo hecho en la materia en otros tiempos, nos pone en alerta acerca de las críticas históricas de que han sido objeto el dispositivo salón y de sus crisis e indefiniciones cíclicas . En este sentido, el vacío que deja el voluntarismo pragmático-político-ideológico a la hora de asumir el compromiso para impulsar este tipo de eventos no es solo teórico-práctico, sino también epistemológico. Y ello debido a que, se debe entender al arte como un conocimiento que posee sus propias reglas, las cuales se construyen cada vez que el artista se enfrenta con el hecho creativo y con su público para traer al mundo una realidad concreta nueva, con la idea de transmitir una razón de ser, una verdad del arte; un hecho que solo se hace inteligible cuando se participa activamente en el mundo del arte, en sus cuestionamientos, tensiones y problemas. Lo anterior quiere decir que, la responsabilidad de la gestión y gerencia de este tipo de eventos, el juicio crítico de seleccionadores y jurados no es algo deseable sino necesario. Tener un conocimiento previo de la evolución de la noción de arte, de su situación en medio del llamado mundo del arte, de las instituciones y agentes que lo condicionan o rigen y de la relación del arte con la sociedad forma parte de ese conocimiento previo que define el tipo de participación en un campo en disputa y pleno de conflictos y contradicciones. De manera que, siendo el “mundo del arte” una sociedad en sí misma, cuando se trata del arte contemporáneo se debe considerar la presencia de un campo expandido y en disputa, en el que los opinadores diletantes sobran, debido a que no participan activa y conscientemente en él. El sistema institucional del arte o “mundo del arte” es una estructura compleja, abigarrada, plural, diversa y polivalente en donde participan instituciones, agentes y dispositivos de mediación, los cuales no escapan a la ecuación mercadeo, productividad y consumo . Los salones de arte son parte de ese universo y tienen una larga tradición llena de conflictos y contradicciones tales que se presentan como espacios propicios para las pugnas y controversias. En todo caso, es justamente por esa longevidad de más de trescientos años que tiene la historia mundial de los salones de arte que se hace necesario la revisión conceptual y la resemantización constante de sus objetivos y metas, ya que ellos constituyen un factor clave en la jerarquización, validación, legitimación, en la reformulación del sentido estético, en la gestión del prestigio; de tal manera que, al participar en la gerencia y el control del capital simbólico, sus protagonistas toman decisiones que impactan en lo que está permitido o no en el mundo del arte, lo que es o no una obra de arte. El rigor institucional y la posibilidad cierta de continuidad del dispositivo salón en el tiempo no es algo que se decrete, depende de las decisiones que se tomen para demostrar que el salón será un espacio capaz de confrontar no solo técnicas, lenguajes y discursos sino, sobre todo, ideas y conceptos. Lo anterior implica la capacidad de asumir y preocuparse por la contemporaneidad socio-cultural nacional, sus grandes problemas y cuestionamientos, reflexionar sobre la noción de arte mismo en el presente, la relación que mantiene con el contexto, sus límites, interrogarse sobre la propia práctica del arte, para así captar “la atmósfera cultural de nuestro tiempo”. Todos estos aspectos son de suma importancia ya que es lo que podría identificar, en el futuro, al Salón Nacional Elsa Morales con el arte contemporáneo, un aspecto de suma importancia para no pasar por un algo anacrónico y caprichoso. El arte contemporáneo puede ser visto como un conjunto de procedimientos donde se habilitan multitud de formas y materiales considerados antes extra-artísticos, portador de conductas y comportamientos que desdibujan límites en el arte, de propuestas críticas ante el propio presente del arte, de estéticas cuestionadoras del papel hegemónico de las instituciones que lo tutelan; aspectos que lo diferencian de lo meramente decorativo, lo artesanalmente correcto e inclusive de la noción de belleza formal y tradicional; un arte contemporáneo entendido como momento de producción de sentido, metáfora epistemológica, como una forma de interrogarse a sí mismo y de proponer un diálogo con el público del arte, para así definir su subsistencia. En este sentido, es importante entender que si el público no comprende lo exhibido en los salones, su puesta en escena, la validación o legitimación planteada por el dispositivo pierde claridad, se vuelve ininteligible, impidiéndole a ese público discernir qué hace arte a lo que está viendo. Entonces, el planteamiento conceptual de un salón no debe estar enfocado únicamente en inventariar lo que se hace en un país en materia artística, tampoco es suficiente contentarse con presentar una idea genérica del estado del arte actual, su definición y destino social. El salón debería verse como una oportunidad para identificar ciertos temas culturales recurrentes, problematizar ciertas líneas de sentido, detectar unos focos críticos que permitan ordenar la multiplicidad y variedad en la producción de lenguajes y discursos estéticos actuales en el contexto de una sociedad que reclaman la reconstrucción de su razón de ser. Y es en este escenario donde entra la importante necesidad de atender la idoneidad de los jurados, como asunto medular para lograr la credibilidad sobre un evento que se pretende termómetro de lo mejor y más logrado de la creación artística actual. En este sentido, el salón debe percibirse como espacio reflexivo y creativo para constituirse en referencia contundente dentro del medio artístico, siempre y cuando se erija a sí mismo como una tesis acerca del estado y significado del arte en el momento actual, de su necesidad y función social, de su vínculo con el entorno, para preguntarse, en última instancia, qué es lo que hace del arte arte. Se debe tomar en cuenta, entonces, que la selección y premiación hecha por los jurados puede llegar a influir en la consideración futura acerca de las tendencias, lenguajes o discursos artísticos dominantes, como modelos válidos dentro de la pluralidad articulada de lo realizado y exhibido. Por lo señalado, se debe destacar un esfuerzo y un debate en torno a la cualidad y calidad de los juicios de validación emitidos por esos jurados para, entonces, propiciar otras lógicas de sentido en los mismos procesos de selección y premiación a posteriori. Entender que lo que se está pretendiendo legitimar, validar o distinguir debería traducirse en algo más que un simple capricho formal, técnico, estético o de gusto personal. Si esto fuera tomado en cuenta se haría factible construir explicaciones acerca de aquellas ideas y tesis que, partiendo de criterios de todo tipo, no dejen por fuera las señas de identidad y las lógicas de sentido de grupos de obras factibles de ser clasificadas o agrupadas en sistemas, para poder construir, así, discursos acerca de su historicidad. De manera que, el rigor y la claridad en la toma de decisiones a la hora de seleccionar y premiar pueden verse como una oportunidad para renovar los intereses en la actividad analítica y para aupar o estimular la actividad teórica que surja de las obras presentadas hoy, propiciando la actualización de los juicios con respecto al acontecer del arte contemporáneo hecho en Venezuela, al tiempo que renovar la crítica de arte que se ocupa de ellas. Pero un jurado sin orientaciones teóricas y conceptuales, sin una delimitación que circunscriba lo que se va a confrontar, unos temas que permitan directa o indirectamente canalizar el esfuerzo gnoseológico en torno a los objetos que dependen de su toma de decisión, se convierte en un jurado caprichoso, tendencioso y con poca posibilidad de justificar los aspectos llamados a cotejar, por lo que sus decisiones pierden la claridad e idoneidad requerida para una mayor comprensión de la actualidad y contextualidad de las manifestaciones artísticas en juego. Es aquí donde entra la figura del salón bajo parámetros curatoriales, una experiencia que se viene realizando en este tipo de eventos en otras partes de Latinoamérica, como es el caso, por ejemplo, del Salón Nacional de Artistas en Colombia, entre otras confrontaciones regionales en ese país. En este sentido, la curaduría contemporánea no deja de apoyarse en teorías, operar bajo determinadas metodologías y proponer ciertas perspectivas que le confieren rigor y contextualidad a sus hipótesis y problemas. El punto de partida de una curaduría se establece en la intersección entre la historia del arte, la historia de las exposiciones y la historia de las mismas prácticas curatoriales, en la que la exposición funge como un dispositivo y la curaduría como práctica mediadora que afianza su interés por los modos de presentación pública del arte, además de la consideración de determinados temas propios de las ciencias sociales. Proponer las prácticas curatoriales en los salones de arte permitiría cartografiar los intereses, necesidad, motivaciones y expectativas que se generan en el medio del arte y su contexto social nacional, reconocer el trabajo de otros curadores, sus temas y motivos, tomar en cuenta los aportes realizados por la crítica de arte actual , entre otros aspectos. La lógica con que se estructura una curaduría para dar expresión a ideas, conceptos, hipótesis y temas propone un debate que atiende a la mejor comprensión por parte del público del hecho expositivo, desde el punto de vista visual y conceptual, al desarrollar contenidos con un sentido comunicativo-divulgativo dirigido a diversidad de públicos y por propiciar la generación de la “infraestructura” necesaria para otros salones y para la historia del arte mismo. De manera que, circunscribir, delimitar, afianzar nuestro objeto de estudio, blindarse con un aparato crítico y tematizar nuestro problema de estudio proporciona mayor rigor y contextualidad a las decisiones de los jurados y garantiza una mejor comprensión del material expuesto. Organizar contenidos a partir de propuestas curatoriales, además, permite clarificar los criterios de admisión, selección y premiación en salones, bienales y concursos. Este ejercicio reflexivo y creativo puede constituirse en referencia contundente para el medio artístico y para el público que asiste a este tipo de exposiciones. El salón podría ser visto, entonces, como un evento donde no solo se puede palpar la cuestión creativa, sino también teórica y crítica en función de determinado contexto, haciendo inteligible los cambios en el terreno del significado del arte de nuestro tiempo, al ordenar la heterogeneidad de la producción artística obedeciendo a criterios, cuestionamientos y reflexiones que identifiquen, orienten, clarifiquen y ordenen, en unos focos problemáticos, la heterogeneidad y pluralidad de la producción artística nacional, sus distintos lenguajes y discursos visuales. Por lo mencionado, no basta que el salón aporte un respetuoso montaje del repertorio de obras seleccionadas, tomando en cuenta la variedad y diversidad de lo exhibido; es necesario, también, una propuesta museográfica que dé respuestas y oriente, en cuanto a diseño y tipos de dispositivos, al guión curatorial. Dicho guión que debe estar suficientemente sistematizado en núcleos temáticos, para el disfrute de la experiencia estética. Los temas, criterios e hipótesis identificados por el guión curatorial (tipos de lenguajes artísticos, discursos, concepto, entre otros), propiciarán los posibles sistemas de interpretación pertinentes que movilicen y motiven en la mente de los espectadores la idea de la idoneidad del sentido de lo exhibido y la aprobación o no de las ideas e hipótesis de la curaduría. Por supuesto, el guión curatorial es parte del proyecto curatorial y este a su vez parte de una investigación previa que exploraría en términos empíricos, fenomenológicos y pragmáticos las propuestas artísticas más convenientes dentro de un universo siempre abierto donde cabrían otras muchas propuestas; una tarea que representa riesgos, pero que si no se realiza dejaría huérfanos de criterios previos a jurados de selección y premiación, quedando sus decisiones a expensas de los gustos, preferencias y criterios personales. Esta mecánica de trabajo sistemático propuesto es lo que debería garantizar rigor, excelencia y contextualidad a la labor del jurado y haría explícita para la crítica las intenciones del salón y sus decisiones. Dentro del universo de lo comentado parece conveniente realizar las siguientes propuestas y recomendaciones para los futuros salones: 1) Preparar la producción del salón nacional con una periodicidad bianual, lo que permitiría la evaluación necesaria de lo realizado con anterioridad, el entrenamiento del personal que actuará en el siguiente evento y la preparación de los artistas para la siguiente confrontación; 2) Pasar a la modalidad de salón curado: con investigación, proyecto, temas, conceptos, discursos, teorías, tesis y contexto; 3) Asumir la realización del catálogo del salón: el catálogo como generador de infraestructura para la renovación de la historia del arte nacional es, también, por sobradas razones, memoria, historicidad, contextualidad, conocimiento y archivo; 4) Tender puentes con la actividad académica del área humanística en las regiones, para sumar valores y reclutar a los seleccionadores regionales idóneos (mundos del arte); 5) Exhibir la labor de maestros creadores fuera de concurso junto al salón: sobre todo de aquellos que fueron modelo para la actividad creativa, que orientaron el rumbo de los lenguajes del arte contemporáneo o los ganadores de otras ediciones 6) Ampliar la convocatoria: al incluir proyectos comunitarios-participativos de intervención en el espacio público, arte urbano, net art, arte proceso, arte relacional, entre otros 7) Comprometerse con el mundo del arte contemporáneo, al afianzar la idea de un arte comprometido con el espíritu de su tiempo y con la “sociedad del arte” 8) Afirmar la idoneidad de los jurados, integrando a críticos de arte, académicos del área y maestros de las artes plástico-visuales, bajo criterios curatoriales previos. Sobre los premios se puede pensar en incluir: premio de la crítica de arte y premio del público y además, dentro de los tipos de premios, ofrecer: 1) Premio a la investigación en artes (publicaciones-revistas), 2) Premio a la propuesta curatorial (para el siguiente salón), 3) Premio becas de estudio para artistas, 4) Exposiciones en espacios museísticos como parte de los premios. Todos estos aspectos permiten tomar en cuenta al “mundo del arte” como un todo sistémico compuesto por instituciones, agentes y espacios de mediación. Para finalizar es importante entender que, los salones de arte forman parte de una escena cultural que se exhibe a sí misma, una manera de autorepresentación del arte que consigue movilizar públicos, instituciones, agentes y ámbitos de mediación, construyendo o reforzando al mismo tiempo formas específicas en la ecuación mercadeo, productividad y consumo. Del mismo modo, los salones de arte son formas institucionalizantes por intermedio de la cual el arte actual en su totalidad se presenta como sociedad ante el mundo, de allí el afán por procurar el reforzamiento de sus propios valores y discursos de legitimación. Estos eventos se pretenden como espacios que señalan los síntomas de lo contemporáneo, con sus lenguajes, sus estrategias de comunicación, sus agendas y políticas. Si sus propósitos teóricos, históricos, analíticos y divulgativos no son lógicos, coherentes y originales, el interés de la crítica por este tipo de “espectáculos” se pierde y el público asiduo disminuye su confianza en ellos. 

  Notas al pie

1- La ponencia “Por un modelo para el desarrollo actual de los salones de arte en Venezuela” fue presentada en el mes de febrero de 2026, en el marco de las actividades del Encuentro de Saberes, como parte de los eventos que acompañaron el I Salón Nacional de Arte Elsa Morales. Este encuentro propuso un examen crítico sobre las estructuras de poder y validación que sostienen el sistema del arte en Venezuela, donde los salones de arte no son solo certámenes de exhibición sino, también, espacios de encuentro de artistas que funcionan como complejos engranajes institucionales, los cuales definen jerarquías a través de la premiación y el juicio crítico. En esta ocasión el tema propuesto fue: Institucionalidad, premios y crítica en los salones de arte, donde procuré establecer una crítica institucional constructiva a raíz de la invitación que me hizo el departamento de investigación de la Galería de Arte Nacional para que disertara sobre el dispositivo salón.

 2- Terry, Smith (2012), ¿Qué es el arte contemporáneo?, Buenos Aires, Siglo XXI Editores S.A.

 3- Timms, Peter (2004), What`s Wrong With Contemporary Art?, Sidney, University of New South Wales Press. 

 4- Actualmente Venezuela puede ser percibida como un gran cementerio de salones de arte. Al hacer un breve inventario de estos espacios de confrontación hasta principios del siglo XXI, podemos enumerar la desaparición de los siguientes: Salón Nacional de Artes Plásticas, Salón de Arte Aragua, Bienal de Escultura Francisco Narváez, Bienal de Oriente, Bienal de Maracaibo, Salón de Cagua, Salón de Pintura del Metro de Caracas, Salón de Artes Visuales Carmelo Fernández, Salón CANTV de Jóvenes con FIA, Bienal de Puerto La Cruz, Salón Cabriales, Salón Anual de Pintura de Churuguara, Bienal de Artes Visuales de Churuguara, Bienal de la Tierra, Salón de Arte Alejandro Otero, Salón Municipal de Arte de Girardot, Salón de Arte Caribe, Salón Pirelli, Salón Exxon Móvil de Venezuela, Salón Municipal Juan Lovera, Salón Dycvensa, Salón Nacional de las Artes del Fuego, Salón Dimple, Bienal del Paisaje Tabacalera Nacional, entre muchos otros.

 5- El llamado campo expandido del arte contemporáneo está compuesto por un ecosistema conocido como sistema institucional del arte. Entre sus instituciones se encuentran: museos, galerías, bienales, salones, concursos, ferias, academias, fundaciones, revistas especializadas, casas de subastas, industria de materiales, herramientas y equipos artísticos; editoriales, medios y prensa afines al área, entre otros. Algunos de sus agentes los constituyen: curadores, críticos, jurados, coleccionistas, marchantes, mecenas, promotores-gestores, inversionistas, investigadores-historiadores, público interesado, artistas, redes sociales del ramo, entre otros. Los integrantes de este mundo del arte son los que se atribuyen la potestad de decidir que es o no es arte, en otras palabras, discutir sobre los cambios en la noción de arte, la idea de obra de arte y el estatus que ocupan los artistas.

 6- La crítica de arte destaca como uno de los discursos canonizadores, legitimadores y ámbito de tensiones, también funge como termómetro al interior del campo artístico. Hasta más o menos el 2015, publicaciones periódicas y revistas amparadas en las posibilidades económicas de la bonanza petrolera llevaron el pulso del acontecer artístico nacional, en el marco de la paulatina desaparición de los salones de arte. No obstante, Venezuela es hoy en día un cementerio de revistas de arte. En este contexto, el trabajo del crítico se desarrolla a través de distintos modos: los canales por los cuales difunde su trabajo, el medio social en el que se inserta, los públicos a los que se dirige, los círculos artísticos, sociales y académicos en los cuales se mueve, la valoración al que se la somete, su impacto en la construcción social del gusto, las preferencias de galerías y museos, entre otros.


  Félix Hernández. Nota biográfica 

Félix Hernández (Caracas, 1960) es licenciado en Artes, mención Artes Plásticas por la Universidad Central de Venezuela, con estudios en la Maestría de Artes Plásticas: historia y teoría, por esa misma casa de estudios. Se desempeñó como jefe de investigación en la Galería de Arte Nacional hasta que es jubilado en 2023. Promotor cultural y curador independiente, sus ensayos están representados en catálogos de exposiciones, artículos para revistas especializadas y libros; además, es asesor y productor en materia cultural.


Nota del Administrador del blog 

 Siguiendo con las publicaciones sobre la critica de arte y de arquitectura en Venezuela, presentamos hoy el interesante escrito del curador y promotor cultural Félix Hernández; referido a su concepción  sobre los salones de arte en Venezuela y la comprensión del arte contemporáneo. Esperamos que este blog sea un lugar de interés para la publicación de los escritos de los especialistas en teoría y critica del arte y de la arquitectura. Sean pues bienvenidas las colaboraciones de artículos sobre las temáticas aquí planteadas. Edgar Cruz. Dirección: edcruzart@gmail.com

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